«A los pobres viejos nadie nos quiere». Petra, a sus 85 años, apenas sale a la calle. Ha caído en el desánimo. «Paso días enteros sin hablar con nadie», asegura esta vecina de la calle Heliotropo, en pleno centro de Sevilla. «Un día y otro», insiste. «De la cama a la butaca y de la butaca a la cama». Salvo una excepción: los viernes Petra se anima a salir a la calle. Tiene cita con la Asociación Alameda para los Mayores, un grupo de voluntarios que lucha contra la exclusión social de los ancianos de la zona norte del Casco Antiguo.

«Ya he vivido mi vida. Nada más. Se ha acabado», confiesa Petra. Está lúcida y tiene una excelente memoria. Y aprovecha la mínima oportunidad para dejar patentes sus recuerdos. Está necesitada de compañía, justo lo que le ofrecen los voluntarios de Alameda para los Mayores.

Esta asociación trabaja desde 2005 con las personas mayores de la zona norte del Casco Antiguo. «Trabajamos con ellos para reforzar su autoestima, fortalecer su relación con los demás y en mejorar sus habilidades sociales», explica el presidente, Armando Rotea. «Deben entender que la convivencia es positiva para ellos. No somos personas individuales, somos sociales», asegura.

«Los vecinos ya no son como los de antes», lamenta Petra. «En la Alameda de Hércules había muchos patios de vecinos que ya han desaparecido», justifica Rotea. «No tienen habilidades sociales, demandan protagonismo, a veces de forma desmedida. Quieren ser escuchados», explica el presidente.

Una foto de grupo de la Asociación Alameda para los MayoresPetra, y sus compañeros, comparten una merienda antes de empezar con las actividades. «Concursos, manualidades… Combinamos aspectos festivos para detectar problemas que después comentamos con el equipo de trabajo. Después se programa la atención en función de las necesidades», detalla Rotea. Junto a él participan varios voluntarios. Jubilados, pedagogos, economistas, ex funcionarios o periodistas.

Todos tratan de luchar contra la soledad de estos mayores. «Tienen falta de autoestima, producto de vidas muy complicadas e historias rocambolescas», describe el presidente. «Vienen muy machacados. Maridos autoritarios, hijos que los han abandonado…», relata Rotea. El perfil, en su mayoría mujeres de una media de 74 años.

La asociación apenas cuenta con ayudas. La financiación, eminentemente es privada, cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Sevilla incluyéndose dentro del proyecto Sevilla Solidaria, la Fundación Cajasol y diversas hermandades de la ciudad entre las que se incluyen la de Santa Marta, el Calvario y la Amargura, quien les cede la casa de hermandad para que la asociación la utilice como sede.

«Esta asociación es la mejor de Sevilla», afirma con rotundidad Petra, natural de Salamanca. Llegó a Sevilla hace más de cincuenta años. Se ganaba la vida limpiando en las casas. En la Alameda encontró el amor. Vivió feliz con su marido, capellán de la hermandad de Montesión. Quedó viuda y perdió un hijo. «Ni me acuerdo de los años que hace», desvela. Su otra hija vive en Castellón, «aunque como si no la tuviera». «¿Qué pinto yo aquí? Yo ya estoy esperando la llamada», confiesa.

El desánimo pende sobre Petra y sus compañeros. A los achaques propios de la edad hay que sumar otro mal endémico: la soledad. Una enfermedad que tiene en la asociación que voluntariosamente lleva Armando Rotea y los suyos una medicina útil. Compañía, si fuese tan fácil como parece.