La huelga de Lipasam está colmando la paciencia de muchos sevillanos. Los titubeos entre los vecinos con los que arrancaba el paro en el servicio de basuras, que suma ya ocho días, han dado paso a quejas y reproches a los trabajadores de Lipasam. Mientras, los contenedores alcanzan más de dos metros en algunos puntos del Casco Antiguo y los residentes alertan de la existencia de roedores entre la basura.

Pocos saben con exactitud el porqué de la huelga de Limpieza Pública y Protección Ambiental (Lipasam). Y no muchos se atreven a señalar con exactitud de quién es la responsabilidad de este paro en la recogida de basuras. La mayoría coincide en pedir el cese de la huelga, que está afectando al día a día de los ciudadanos.

Malos olores en torno a los contenedores de basura, que en algunos casos, alcanzan los dos metros de altura; problemas de movilidad del tráfico, con la cochambre invadiendo las calzadas y dificultando los giros en las esquinas; y, según algunos testimonios de vecinos, roedores trepando por los desperdicios.

Y gracias. «Podría ser peor, estamos en invierno; esto llega a pasar en abrir o mayo y esto sería un desastre mayor de lo que es», comenta un vecino de la calle Divina Pastora. El mismo argumento repiten en la calle Arfe. Y en la calle Orfila. O Teodosio.

La plaza del Salvador con bolsas de basuraDe norte a sur, las imágenes en el Casco Antiguo son invariables. Del Pumarejo al Arenal, de la Alameda a San Lorenzo. Las opiniones de los vecinos, calcadas. «Esperemos que llegue pronto un acuerdo, porque esta situación va camino de ser insostenible», afirmaba una vecina de la Alfalfa. Los comerciantes, con un lenguaje más radicalizado, advierten: «Entendemos sus motivos, tienen derecho a la huelga, pero esta situación está afectando negativamente a la economía local», explica uno de la zona de La Encarnación.

Los principales afectados: los restaurantes y bares de tapas. «¿Quién va a querer sentarse en los veladores con una montaña de basura enfrente? No es agradable a la vista ni al olfato», detalla. «Vemos a gente pasar por nuestro escaparte con la nariz tapada debido al mal olor, ¿a quién se le va a antojar comprar un dulce en esta situación?», se pregunta una de las dependientas de una confitería de la calle Adriano.

Las dudas de los turistas

Los turistas tiran de ingenio para sacar fuera de cuadro la basura de sus instantáneas, aunque los hay que fotografían los residuos como si de un monumento más se tratase. «¿Qué pasa, que en sus países no hay huelgas?», comenta indignada una vendedora de calentitos en el Arco del Postigo.

Pero los extranjeros que visitan la ciudad -como muchos sevillanos- apenas saben el porqué de la huelga. «¿El Ayuntamiento no paga a los trabajadores?», cuestiona una visitante belga que se toma una cerveza en la plaza del Pumarejo ajena a la cochambre que se apila a su alrededor. «Yo he oído que el Ayuntamiento no les paga. ¿O no es verdad? ¿O sí?», duda la turista envuelta en un mar de preguntas sin conocer la respuesta de que el paro no tiene que ver con ningún impago a la plantilla ni ninguna reducción de personal como saben de sobra los sevillanos.

«¿Por qué hay basura en las calles?», insiste la visitante belga. La respuesta dependerá de a quién consulte. Los sevillanos llevan una semana planteándose esa misma cuestión. Ahora se le suma otra: «¿Hasta cuándo?».