Llevan 26 años haciendo del mes de febrero la cita con el encuentro. A la reunión no faltan «el Popea», «el Iji», «el Conejo», «Coco» o «el Castor». Durante un día al año, junto con el almuerzo se regala un pasaje al pasado. La ristra de anécdotas ya espera su próxima puesta en común. Los Escolapios de la generación del 71 cuentan los días para su encuentro anual que en 2014 será este sábado 8 de febrero.

La idea surgió de tres amigos y compañeros de facultad: Manolo Soto, Paco Rodríguez González y Francisco Gómez Recolta. Un buen día decidieron convocar a todos sus vecinos de pupitre del colegio de los Escolapios para refrescar las caras y recordar anécdotas y vivencias que se remontan al año 1971.

Escolapios 2013«Nos solemos juntar unas cuarenta personas, todo un éxito de convocatoria teniendo en cuenta que la clase era de 60 alumnos», explica Francisco Gómez Recolta, que sigue organizando el encuentro junto con Manolo Díaz. «Todos los años nos unimos por febrero, sin que haya un día fijo», detalla. «Hemos pensado en hacerlo varias veces al año pero al final lo hacemos solo un día porque así se coge con más ganas», añade.

A la cita asisten los alumnos que pertenecieron al equipo de voleibol y que llegaron a jugar en División de Honor. «Ahí están Manolo Ruiz Garrido, Fernando Ávila España, Juan García de la Concha y Francisco Punta Martin», recita de memoria Gómez Recolta. «Ahora somos médicos, abogados, procuradores, empresarios, muchos ya están jubilados… e incluso tenemos a un antiguo alumno ilustre, que es el dermatólogo, escritor y humanista, Ismael Yebra, miembro de la Academia Sevillana de las Buenas Letras», relata.

«De hecho, el libro ‘Memorias de Juan Calasancio’, escrito por Ismael Yebra, es un compendio de reflexiones sobre la vida escolar que año tras año nos entregaba por capítulos en nuestras citas», cuenta Gómez Recolta. «Se podría decir que el personaje imaginario de Juan Calasancio somos todos nosotros», agrega.

«Anécdotas con los profesores, correrías juveniles… todo gira alrededor del colegio», asegura Gómez Recolta. En los relatos aparece el profesor más temido, «sin duda, Luis Portillo, que nos daba matemáticas»; y también los más queridos, «como el padre Blas, que era de Palencia y era muy bruto pero muy buena persona; el padre Bernabé, un hombre muy afamado; o Fernando Gómez Armenta, que nos daba Historia, Francés y Griego», responde Gómez Recolta.

Todos aparearán entre copa y copa, entre los primeros y el postre. Pocos se salvarán de las comparaciones. Algunos con menos pelo que la última vez que se encontraron. Todos, con más barriga y con ganas de repetir la cita con el patio de colegio, con el pupitre y los libros cuantos más años mejor.