Análida Pérez se afana por limpiar en su casa los restos que hasta ella han llegado del incendio ocurrido en la madrugada del viernes. Ella es una de las vecinas más afectadas de este bloque número 30 de la calle Aniceto Sáenz y da gracias por poder contarlo. La otra noche vivió la peor de sus pesadillas. Justo en la vivienda de enfrente, en la tercera planta, se originaba el fuego que desató el pánico en la zona. Dos personas resultaban heridas graves con traumatismos y quemaduras tras saltar desde la ventana del inmueble hacia el patio interior para evitar quedar atrapados entre las llamas.

Todo sucedió tan rápido que apenas recuerda el transcurso de lo que pudo ser una verdadera tragedia. «Estaba a punto de irme a dormir cuando escuché gritar a mi vecino Juan Carlos al tiempo que oí un golpe fuerte. Me acerqué a la puerta para ver por la mirilla y el olor a quemado era muy intenso. Entonces, observé una llamarada», explica aún consternada por los hechos. Abrió la puerta y la volvió a cerrar. El miedo sólo le permitió apenas vocear «¡incendio, incendio, bomberos!» para alertar a su hermana y a su compañera de piso, ya acostadas. Ambas consiguieron reaccionar a tiempo y escapar de la vivienda. Sin embargo, Análida no tuvo tanta suerte. Al intentar salir, la voracidad de las llamas y el humo le impedían acceder a las escaleras. Ante la ardiente y peligrosa batalla, no tuvo dudas. Portazo de nuevo y corrió a refugiarse en el balcón. «No podía controlar la angustia, estaba histérica», confiesa.

Los minutos se hicieron eternos hasta que, según Análida, ocurrió el milagro. Los bomberos comenzaron a sofocar las llamas y pudieron entrar para auxiliarla. «Recuerdo a alguien vestido de negro, nada más», expone intentado no evocar de nuevo el temor vivido hace horas. «Si llegamos a estar dormidas no lo contamos. Hemos vuelto a nacer», solloza con los ojos bañados en lágrimas.

Y mientras Análida y su familia continúan quitando restos de cenizas y ventilando su hogar, intentando volver a la «normalidad», el intenso olor a humo invade todo el inmueble. La vivienda de sus vecinos, los dos chicos jóvenes que se encuentran hospitalizados por la graves quemaduras y lesiones, ha sido prácticamente consumida por el fuego.

En los alrededores no se habla de otra cosa. La tragedia que pudo haberse ocasionado, por ocurrir a una hora en la que muchos ya casi dormían, en torno a las 23.00 horas, está en boca de todos. Uno de los testigos y vecino de la zona, dice estar impresionado por la altura que alcanzaron las llamas y el humo. «Todos los vecinos salimos a la calle porque temíamos que se extendiera al resto de viviendas», afirma. Al parecer, el incendio pudo originarse a causa de una vela, ya que la vivienda tiene el suministro eléctrico cortado.

Pero el desenlace pudo tener aún mayor repercusión debido al obstáculo con el que se encontraron los bomberos y que les impedía el paso. Un vehículo mal estacionado en la esquina de la calle Puerta de Córdoba hizo que no pudieran acceder al lugar de los hechos durante al menos 15 ó 20 minutos, según apunta un vecino. «En esta zona el aparcamiento es escaso, las calles son muy estrechas y hay muchas zonas prohibidas, algunos estacionan en lugares que no se debe y lo de anoche pudo haber desembocado en una tragedia», explica. Aún así, los bomberos consiguieron extinguir las llamas y para cuando el camión pudo acceder a la calle, ya habían prácticamente logrado sofocar el incendio. «El dueño del vehículo apareció y quitó su coche, pero para entonces ya casi estaba todo resuelto», comenta el testigo, al tiempo que lamenta que «los ciudadanos no somos consecuentes».

Recuerda, además, un hecho similar ocurrido hace tan sólo unos meses, el incendio en el Colegio Santa Isabel en la calle Hiniesta, donde de nuevo un vehículo mal estacionado impedía el acceso a los efectivos de emergencia.