Dos noches y más de 90.000 euros en desperfectos. Los comerciantes del entorno plaza de El Salvador, plaza del Pan y Alfalfa sufren las fechorías de un grafitero en sus escaparates. Las pintadas, con ácido corrosivo, siguen tan perennes como la indignación de estos vendedores. En algunos casos, los daños por establecimiento superan los 6.000 euros.

Los hechos ocurrieron el pasado día 16 de octubre y los rastros siguen hoy visibles en muchos comercios del Casco Antiguo. El autor, presuntamente un francés estudiante de Erasmus en Sevilla, acompañado de hasta cinco personas -algunas de ellas bebiendo-, realizó pintadas con la firma ‘Shaki’ usando un potente ácido corrosivo que decapó parte del vidrio de más de 40 escaparates. En poco más de un minuto, el individuo y sus acompañantes batieron la zona y desplegaron su ‘arte’ aprovechando la escasa iluminación de la medianoche.

El amanecer trajo la sorpresa a los comerciantes. Indignados fueron preguntando hasta comprobar que los hechos se repetían una y otra vez hasta completar la veintena de negocios. La ayuda de Lipasam solo sirvió para certificar que la única solución posible era cambiar los cristales de los escaparates.

“El vandalismo no lo cubre el seguro y cada cristal, al ser de triple protección, cuesta unos 3.000 euros“, asegura Isabel Perdigones, propietaria de Novias Cira, un establecimiento de la plaza del Pan. La Policía, tras realizar las pesquisas oportunas, determinó la identidad del autor de las pintadas, llegando a identificarlo y requerirle la documentación. “Al no haber denuncias contra él, no se pudo proceder a su detención”, explican fuentes policiales. “Se le montó una vigilancia en el albergue en el que se hospedaba”, afirman desde Policía Local.

De poco sirvió dicho dispositivo. El presunto autor de los actos ya se encuentra en su país. El juez autor del atestado ha emitido una orden de exhorto, búsqueda y captura internacional, para poner a disposición judicial al estudiante francés. La Policía Local tiene constancia de que este individuo ya está en su país.

Comerciantes cansados

“El grafiti es arte, esto es una salvajada”, denuncia la dueña de Novias Cira. Asegura estar acostumbrada a grafitis pero nunca de tal gravedad. “¡Con el trabajo que cuesta mantenernos!”, clama Isabel. En su caso, el cristal estaba roto previamente al grafiti y el seguro costeará el cambio. Se ahorra, 3.000 euros. Pero no las molestias.

“Para cambiar este tipo de cristales se necesitan varios operarios y grúas especiales”, explica Reyes Rodríguez, hija de Paco Rodríguez, el dueño de varias zapaterías en el centro. Ella es otra de las damnificadas por las fechorías de este grafitero. En su caso, sabe bien el coste, tanto económico como logístico, de dicho cambio. El vidrio dañado solo llevaba ocho meses puesto. El valor: 3.000 euros que no les cubre el seguro.

Los afectados, 24 comerciantes, han puesto una denuncia colectiva. La pregunta que se formulan todos: “¿Cuándo será la próxima?”.