Adrián Riquelme Plaza es el autor de gran parte de la imagen que la corporación del Cerro del Águila está utilizando para conmemorar el XXV aniversario de la aprobación de sus reglas como hermandad de penitencia. A lo largo de todo este año y hasta el primer trimestre de 2014, la hermandad del Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono celebrará distintos cultos y actos para recordar esta efemérides, una celebración que tomó impulso con la presentación del cartel conmemorativo, obra de un vecino del barrio y hermano de la corporación.

Adrián es estudiante de quinto curso de Bellas Artes. Asegura que le gustaba dibujar desde pequeño pues, «en lugar de jugar con mis muñecos prefería coger un papel y un lápiz, y así me pasaba horas entretenido». No procede de una familia de artistas aunque explica que «a mi padre se le daba muy bien el dibujo artístico, pero no se ha dedicado profesionalmente a ello».

El arte, como el sentimiento cofrade, fue algo que nació en Adrián a muy temprana edad a pesar de que en su casa, según declara, «no se ha respirado especialmente la Semana Santa». Sí recuerda que, de pequeño, su madre lo llevaba por las mañanas a ver la Virgen de los Dolores y que el Martes Santo la hermandad pasaba de recogida por delante de su balcón: «Yo la veía siempre, así que con unos cinco años le pedí a mis padres que quería salir de nazareno en el Cristo, y desde los seis soy hermano del Cerro», declara.

Sus dos pasiones, el dibujo y la hermandad, encontraron un punto de encuentro en el que confluir y a los ocho años Adrián empezó a dibujar sus propios programas de mano. Desde entonces, ha llovido mucho pero lo que no ha cambiado es que Adrián sigue promulgando los mismos intereses.

Pintar el cartel del XXV aniversario es su mayor «orgullo», un sentimiento que nace más que del resultado en sí de la obra «de la confianza que la hermandad ha depositado en mí», asegura. Además, también es el autor del logotipo de esta efemérides y, anteriormente, Adrián fue autor de la portada del boletín de la Cuaresma de 2011, titulada «Siete de marzo de mil novecientos ochenta y uno», en la cual ya tuvo ocasión de dar muestra de su calidad pictórica.

En junio espera licenciarse en su carrera y está pensando en completar su formación artística con cursos de diseño gráfico, de escultura, de pintura cofrade y profana, además de imaginería. Confiesa que le encantaría ser discípulo de algún «artista ya consagrado» y mientras esa oportunidad llega asegura que «seguiré colaborando con El Cerro en temas de diseño como un hermano más».