Sin entrar en agravios comparativos con Triana, ya hay quien dice que Rochelambert es la «cuna chica» del flamenco en Sevilla, debido a la cantidad de artistas que proceden de este barrio. Entre ellos, sobresale la bailaora Yolanda Lorenzo, quien lleva más de una década impartiendo clases de baile al compás de una guitarra, en concreto, la de su marido Eduardo Rebollar, quien pone el apellido a la escuela de artes escénicas que ambos dirigen en la calle Puerto de Somport.

«Artes Escénicas Rebollar» es una academia de baile, cante y guitarra que nació en 2001, aunque Yolanda lleva mucho más años creando su propia escuela en Rochelambert. De hecho, recuerda que «con sólo 16 años empecé a dar clases de baile flamenco a mis amigas del barrio en la salita del piso de mi madre. Le quité los muebles y le puse el suelo de madera, y así me sacaba un dinerillo con el que podía ayudar a la economía de mi casa».

Yolanda llegó a Rochelambert con 9 años procedente de Holanda, país al que emigraron sus padres y en el que nació, aunque a pesar de crecer en el extranjero siempre bebió de la cultura española: «Mi padre escuchaba constantemente copla y cante flamenco y todas mis fiestas infantiles las recuerdo vestida de flamenca», asegura. «Para mí el baile era un juego y sabía que quería dedicarme a esto», añade.

Por ello, en cuanto regresó con su familia a España, Yolanda empezó a tomar clases de baile. Primero, en la academia de El Cerro del Águila de María Romo y, a partir de 1981 comienza a estudiar flamenco con Matilde Coral, prolongando su formación durante 14 años. Pero esta artista ha sido discípula también de figuras de la talla de Mario Maya, Manolo Marín, Farruco, El Mimbre, Milagros Menjibar o Salvador Távora, formando parte de la compañía «La Cuadra de Sevilla» y participando en tres de sus espectáculos con los que recorrió gran parte de Europa y de América.

Tras sus múltiples actuaciones en el extranjero Yolanda afirma que «en cuanto sales de España, por el simple hecho de ser artista de flamenco la gente te admira y te respeta, antes incluso de que demuestres tu arte. El trato es bien distinto aquí, pues tenemos un sentimiento muy arraigado que asocia el flamenco a gente de mal vivir, que lo incluye dentro del círculo de bares y tabernas, y nadie sabe que para ser profesor especializado tienes que hacer 14 años de carrera».

Para erradicar falsos tópicos y contribuir al enriquecimiento del flamenco como emblema cultural, Yolanda empuña su mejor arma: las clases en su academia, orientadas tanto a niños como a adultos de todas las nacionalidades, con los que comparte experiencias y secretos de su paso por los tablaos más prestigiosos a nivel mundial.

Ahora, pisa fuerte en el escenario de Rochelambert, en el que sólo tiene una queja: «Que no haya en Sevilla una programación cultural permanente de flamenco» pese a ser la ciudad con «más artistas por metro cuadrado».