El significado de «industria cultural» sufre un giro de 180 grados  en la antigua fábrica textil Hytasa, donde lo que predomina es «la cultura en un ámbito industrial», un nuevo concepto que cuenta como principal  defensor e impulsor al dramaturgo sevillano Salvador Távora, vinculado al barrio del Cerro del Águila desde su niñez. Sin embargo, su proyecto de reconvertir las naves industriales en un centro de referencia para la cultura empieza a resquebrajarse, poniendo en peligro incluso el teatro que lleva su nombre.

-El teatro Salvador Távora cumple ahora cinco años. ¿Qué balance hace de su andadura en el barrio que lo vio crecer como artista y como persona?

-Hemos tenido muchas alegrías y satisfacciones, pero también sinsabores, sobre todo, en los últimos años, debido a las circunstancias económicas que azotan a todo el país. Nuestro esfuerzo por tener un teatro en el barrio ha sido más que evidente. A finales de 2007 apostamos por invertir aquí, e hipotecamos todas las naves que teníamos para comprar ésta e instalarnos en Hytasa. Por aquél entonces había un proyecto de descentralización de la cultura y contamos con una subvención para la inversión. Sin embargo, también había ayudas prometidas al mantenimiento que nunca llegaron. Desde entonces, con mucho esfuerzo y trabajo, hemos llevado a cabo espectáculos muy reconocidos a nivel internacional, como «Las Bacantes» o «Carmen», y hemos estrenado otros como «Andalucía entre la leyenda y la historia», «Flamenco para Traviata», o la última, «Memorias de un caballo andaluz».

-Usted ha sido un impulsor de llevar la cultura a los barrios, en concreto, al suyo.

-Sí, creo que el centro de la ciudad está muy bien atendido teatralmente, pero no ocurre lo mismo con la periferia de la ciudad. Por ello volcamos toda nuestra experiencia y prestigio en reconvertir las naves de Hytasa para la ciudad. Pero va a ocurrir con esta vieja fábrica lo mismo que con las Atarazanas de Sevilla, que la gente lo da por algo olvidado y derrumbado y al cabo del tiempo se darán cuenta del valor histórico y arquitectónico que tiene, sobre todo para este barrio. No hace falta más que echar un vistazo a las grandes ciudades como Nueva York o París para darse cuenta que los grandes teatros no están en el centro, sino en el extraradio.

-¿Y en qué situación se encuentra ese proyecto?

-Actualmente está paralizado, aunque mi lucha sigue siendo hacer de Hytasa un complejo cultural de referencia, y no un centro de divertimento comercial, que son cosas muy distintas. Me ha dado mucha pena que los Ulen, que han sido compañeros de viaje en este proyecto, hayan tenido que cerrar la sala Fli, por falta de apoyos.

-¿Su teatro podría correr la misma suerte?

-El teatro Salvador Távora está en peligro como todos los de España. El teatro nunca ha sido rentable. De hecho, en Sevilla funcionaban cinco salas de espectáculos: el Coliseo, el Pathé, el Llorens, el Cervantes y el Imperial, y todas tuvieron que cerrar. Por eso, esto es un desafío y estamos manteniéndolo con un esfuerzo enorme pues, con lo que generamos como compañía suplimos la falta de ayudas. Creo que la Administración no debería estar con la cara vuelta hacia iniciativas teatrales de calidad, pues nuestro objetivo ha sido que la gente del barrio no se conformara con ver sólo teatro para niños, sino que los mismos espectáculos que se llevan a Londres o a París se estrenen en el Cerro del Águila.

-¿Pero usted ve el cierre cerca?

Se podría llegar al cierre si el proyecto principal fracasa por falta de voluntad política. Yo voy a mantener una entrevista con las autoridades sevillanas para explicarles la importancia de que Hytasa se convierta en un centro cultural. Todavía hay muchas naves vacías, sin uso, y otras salas que estaban abiertas se han cerrado. Este es nuestro proyecto. Sabemos que es una aventura «quijotesca», pero el emblema de nuestra compañía, La Cuadra, es un caballero montado a caballo con una lanza. Si finalmente no lo consiguiéramos, para mí sería muy decepcionante.

Respaldo del público

-¿Cómo ha respondido el público a su último espectáculo?

Ha sido un éxito. En «Memorias de un caballo andaluz» revivo la memoria del pasado y del futuro, y conecto con la incertidumbre que vive la sociedad, porque creo que los espectáculos tienen que acercarse mucho a la realidad de la que nacen. Se busca el impacto de los sentidos gracias a la fuerza de la danza, la música y el movimiento. Mañana, día 10, estrenamos en Madrid, donde permaneceremos tres semanas. Para el mes de febrero tenemos una propuesta para llevarlo a las ciudades de Bogotá y Medellín, en Colombia, y es muy probable que para el mes de junio volvamos con este espectáculo al Cerro del Águila.

-¿Salvador Távora está pensando ya en una nueva obra?

-Estoy en ello, pero no quiero que la coyuntura económica actual me condicione y que, por tal de hacerlo viable, caiga en el error de reducir personajes. No me gustaría hacer lo que se han visto obligados otros compañeros, llevar a escena diálogos o monólogos. Yo quiero seguir haciendo espectáculos.

-El próximo día 18 de diciembre sumará a su larga lista de reconocimientos y premios otro homenaje. En este caso, del Festival Internacional de Teatros y Artes Escénicas de Sevilla (feSt). ¿Le siguen haciendo ilusión o ya está acostumbrado?

-Me hacen mucha ilusión. Para mí es un orgullo ver en mi barrio una calle con mi nombre, haber sido nombrado hijo predilecto de Sevilla o que me den un premio. En esta ocasión, el homenaje es de los que más te hacen llorar, porque no viene de una institución, sino de los compañeros de profesión. Ese es el estímulo que hace que siga cada día y que no piense en la jubilación.