Es rubio, tiene los ojos azules y mide 190 centímetros, una imagen que le haría pasar por un auténtico inglés, requisitos no le faltan. Pero aunque la próxima temporada se vaya a poner los guantes en uno de los estadios más míticos de Londres, la procedencia de Adrián San Miguel, ya ex portero del Betis, no tiene nada que ver con la capital inglesa, él es de Sevilla, más concretamente del barrio de Su Eminencia.

Nació y creció en la calle Chopin y de su infancia sólo tiene buenos recuerdos. «He tenido la suerte de vivir en un sitio en el que todos los vecinos nos conocíamos, y en el que éramos muchos niños que podíamos salir tranquilamente a jugar con nuestro balón a la calle». Sus primeros pinitos en el mundo de fútbol fueron en la escuela de Altair, donde estudió. Reconoce que siempre fue «jugador de campo» y que lo de ser portero fue pura casualidad: «Mi equipo se quedó sin portero y decidí ponerme yo». Eso fue a los nueve años y con tan sólo 10 firmó con el Betis.

Una coincidencia que le ha llevado a ser un ídolo en Sevilla. Para sus vecinos sigue siendo el Adrián de toda la vida, ese joven que se distraía cada tarde con sus amigos dando balonazos en la calle. Pero a pesar de tratarlo como siempre, para Adrián han cambiado mucho las cosas. Ahora, se agolpan filas de niños en la puerta de su casa para pedirle autógrafos. «Los chiquillos se acercan hasta mi casa para ver si estoy y mi padre, que es un número uno, les dice a qué hora voy a llegar para comer. Es impresionante ver un fila de niños esperando a que yo les firme o a que les de la mano».

El guardameta aún se asombra del éxito que ha cosechado y no se olvida que cuando él era pequeño también admiraba a sus ídolos. «Es como si yo hubiese tenido la oportunidad de conocer a Toni Prats,  hubiese sido flipante», así que no le pesa tanto autógrafo y foto porque como él declara «se trata de la ilusión de los más pequeños». Además de las visitas de sus fans, en la mesa de la entrada de su casa tiene una larga lista de nombres que le dejan sus padres para que le firme fotos y guantes a sus seguidores.

El nuevo portero del West Ham tiene su habitación repleta de recuerdos del Betis y de trofeos, aunque explica entre risas que estos «son por buen estudiante». El sentimiento verdiblanco lo tiene desde que nació y confiesa que desde Londres animará a su equipo como el que más. Comenta que su nuevo club ha estado a punto de clasificarse para la Europa League y reconoce que «hubiese sido muy complicado encontrarme como rival del Betis y de la afición que siempre me ha apoyado tanto».

El día 29 de junio partirá hacia Londres acompañado de sus padres, con ellos se lleva lo más importante de su barrio. «Mis padres van a estar allí conmigo una buena época, todo el tiempo que haga falta, para que la adaptación sea más fácil. Quiero tener a mi familia y a mi novia cerca». Allí vestirá una equipación amarilla con el número 13, como lo hacía en el Betis. Las supersticiones no le preocupan, ese es el color y el número que le han dado la felicidad, felicidad que espera conseguir allí al igual que la ha tenido en su ciudad natal, Sevilla.