El pan, al igual que el vino, es un perfecto alimento para maridar con las comidas. Así, existen tipos de pan que casan mejor con unos platos que con otros pues, también en el comer, en la variedad está el gusto.

Y para gusto…, los panes. Pan de batata, pan de vino tinto y nueces, pan de salchichón e incluso pan de caracoles se fabrican, de manera artesanal, en la Panadería Rufino, todo un referente en el barrio del Cerro del Águila.

Situada en la calle Cristo del Desamparo y Abandono, la panadería Rufino es herencia de una saga de panaderos que actualmente gestiona Joaquín Romero. «Mi abuelo era panadero, pero fue mi padre, Rufino, quien dio nombre a este comercio que en 1930 se conocía en el barrio como La Panadería de Carmen», relata. «Mi padre era de Alcalá de Guadaira y todos los días repartía pan con su mulo en este barrio. En cuanto pudo se afincó aquí, primero arrendando este local y, luego, comprándolo y poniéndole su nombre», explica el propietario.

Desde entonces, el pan se sigue fabricando en Rufino de la misma manera. «Contamos con maquinaria moderna, pero seguimos amasando, formando, fermentando y cociendo el pan como lo hacía mi abuelo y mi padre», declara Joaquín, quien añade que «la única manera de mantenerse vivo en el negocio es diferenciarse, y nosotros lo hacemos tanto con la calidad como con la variedad de nuestros productos».

El empresario asegura que aunque «la pieza reina» es el bollo sevillano de base dura, «al que le gusta la buena mesa elige panes distintos según la ocasión. Así, para las carnes va mejor el pan de centeno, mientras que con el pescado casan mejor los panes blancos», asegura Joaquín Romero, quien culmina el menú con postres como «pan de frutas, el bollo de leche o el brioche».

A la calidad y la variedad de los productos se suma la originalidad, ya que Panadería Rufino es experta en vender panes con formas de animales: «Peces, pulpos, cisnes… Cualquier forma es buena con tal de llamar la atención de los niños y que recuperen la costumbre de comer pan», declara el fabricante, quien defiende las «mil y una ventajas que tiene el consumo de pan, pues es una fuente de salud única y sus beneficios inciden en las dentaduras de los niños, al actuar como dentífrico; en el funcionamiento de su organismo, al llevar parte de fibra; e incluso hay estudios que afirman que repercute en la inteligencia», concluye.

Su escaparate es uno de los más visitados, sobre todo coincidiendo con estas fechas, pues también es tradición que Pastelería Rufino adorne su cristalera con un portal de belén en el que, del primer al último elemento está hecho, única y exclusivamente, de pan.