Más de cuatro décadas tras el mismo mostrador han convertido a Miguel Cuesta en un testigo excepcional de la transformación del barrio del Cerro. Miguel dirige una farmacia que lleva abierta al público desde la década de los setenta, en la concurrida y comercial calle Afán de Ribera, donde ha conocido a «mucha gente que ya ha muerto, muchos que han nacido y otros que han crecido en todo este tiempo», explica.

La botica de Miguel es un negocio de siempre, pero que no deja de renovarse y cambiar, de hecho, piensan emprender ahora una completa reforma del establecimiento. Este hecho, junto con el afán por trabajar y «hacer las cosas bien», constituyen la receta del éxito que ha permitido que este negocio farmacéutico se convierta en todo un referente. A ojos de Miguel, el Cerro es básicamente un pueblo, y apunta que «aquí nos conocemos todos, y hemos visto como este barrio se ha transformado. Para mejor.». Afán de Ribera es una calle con mucha vida, en la que el ir y venir de los vecinos ha dado muchos años de alegría a los numerosos comercios que aquí se enclavan.

Buena fe de ello puede dar Andrés Nuñez, propietario del local contiguo. En su negocio, la Frutería Andrés, todos se conocen y no hay extraños, «esta mujer me estaba poniendo al día de su vida», confiesa. Lleva en el mismo local veintiséis años. Llegó «sin arruguitas ni bolsas en los ojos, ahora tengo de todo, menos dinero», señala entre risas. Enérgico y con buen humor, admite que muchas veces ha tenido el viento en contra, y ahora, con la crisis, más que nunca. «Hay mucha gente en paro y lo que consideran más fácil es abrir una frutería», manifiesta al tiempo que advierte que muchos de estos nuevos negocios «no tienen papeles de ningún tipo». Sin embargo, la buena materia prima y el mejor de los tratos mantienen su frutería abierta y con buena salud.

Bajando la calle, en el número 80, justo en frente de otro cartel emblemático de Afán de Ribera, el de El Palacio de las Planchas, se encuentra el Tejidos y Confecciones Manirva, un negocio familiar que administran Yolanda y María del Carmen Montero. Manirva emergió en manos del tío de ambas, hace ya treinta y un años, y sirve confección de mujer, de caballero y, aunque en menor medida, también de niño. Desde estas paredes, las hermanas Montero han visto cómo evolucionaba el barrio, y han tenido que adaptar su tienda. El resultado: «ahora tenemos más ropa para personas mayores», aseguran, lo que denota un envejecimiento de los vecinos de la zona.

Manirva, La Frutería Andrés y la Farmacia de Miguel Cuesta. Tres negocios de siempre que siguen viviendo con el el trajín de Afán de Ribera, y junto a ellos, la Librería Crisol, la Joyería Altamira, la Zapatería Merca o el ya anotado Palacio de las Planchas. Ellos dan testimonio del ambiente propicio para los comercios de esta calle a lo largo de los años.