La rotonda situada en la calle Puebla del Río intersección con la calle Las Navas, en el barrio de Padre Pío, se rotulará con el nombre de Antonio Menacho López, un hombre que ha dejado huella en todos sus vecinos, quienes lo consideraban como el «padre adoptivo» de esta glorieta. Un calificativo cariñoso que resume las muchas horas de trabajo y dedicación que Antonio, junto a su mujer María Potestad, empleó en el cuidado de «su rotonda» durante los últimos 25 años.

Tras el fallecimiento de Antonio en 2012 es su viuda, María, quien a diario custodia la rotonda, encargándose de mantenerla limpia y de regar todas las plantas que sembró su cónyuge: «La palmera la plantó mi marido hace 23 años y esas dos adelfas las compramos por 500 pesetas cada una. El resto de plantas llegaron poco a poco, y esa higuera se la dieron a Antonio en una latita y fíjate cómo está hoy», declara María, quien recuerda emocionada que su marido, estando ya enfermo, «se sentaba en la calle a comtemplar su rotonda y siempre me pedía que le cogiera los higos de la higuera».

El matrimonio Menacho-Potestad se estableció en Padre Pío hace 40 años. Desde entonces «el barrio ha cambiado mucho, pues al lado de mi casa no había pisos, por lo que estuvimos 30 años junto a un solar baldío», relata María. «Alguna gente arrojaba basura y me daba miedo que pudiera haber ratas, así que mi marido cercó el solar y sembró allí rosales y geranios». No obstante, ese primer jardín no duró mucho ya que «la constructora Bekinsa compró el terreno y levantó ahí las viviendas, acabando con las plantas», relata. Sin embargo, «por aquél entonces terminaron las obras de la rotonda así que empezamos a plantar en ella».

María manifiesta que son muchos los recuerdos que la rotonda le trae de Antonio ya que, «desde que se jubiló cuidar de estas plantas era su vida». Por ello, asegura que «sé que mirando por ellas continúo con el legado de mi marido y eso me reconforta». Por esta razón, su viuda se afana a diario en mantener impoluta la glorieta: «Los rosales los riego un día sí y otro no cuando hace más calor, y les echo entre 12 y 15 cubos de agua». Además, «la barro todos los días para que no esté llena de hojas y recojo las latas o restos de basura que algunos tiran desde el coche».

María asegura que durante estas dos décadas «todo han sido felicitaciones por lo bonita que está la rotonda», tanto de vecinos del barrio como de los empleados de Lipasam o de Parques y Jardines, por lo que nadie «se ha quejado nunca porque cuidemos de este espacio que, aunque no es de nuestra propiedad, lo mimamos como si lo fuera».

La rotulación de la rotonda con el nombre de quien tanto la cuidó se aprobó en el pasado pleno del Ayuntamiento de Sevilla, a petición de la asociación de vecinos Guadaira. La entidad quiso así reconocer la entrega y dedicación de Antonio no sólo con esta glorieta, sino con todos los vecinos del barrio, ya que lo definen como «un gran amigo, mejor padre y un ciudadano ejemplar, con una inestimable vocación de servicio público y un corazón siempre dispuesto a ayudar a los demás».