Dos alumnos del colegio Altair, Miguel Ángel González y Pablo Álamo, se han posicionado en el podio nacional en las olimpiadas de Química y de Física, celebradas ambas el pasado mes de abril y destacando en esta competición científica frente a cientos de estudiantes de centros de toda la geografía española.

Los estudiantes sevillanos, de segundo curso de Bachillerato, era la primera vez que concursaban en las olimpiadas, por lo que el estreno del centro escolar ha sido «más que satisfactorio», ya que «Miguel Ángel Gonzalez ha conseguido la medalla de oro en las olimpiadas de Química, celebradas en Alicante, y Pablo Álamo la de bronce en la competición de Física celebrada en Lérida, por lo que es un orgullo para el colegio Altair, un premio muy bien recibido en un año muy difícil», declara Juan Rayo, director técnico.

El directivo explica que la idea de competir en las olimpiadas surgió «a raíz de una propuesta del profesor Francisco Guerra, como una manera más de motivar a los alumnos que destacan en estas disciplinas y que están dispuestos a realizar trabajos extra, a los que se les ayuda a conseguir la excelencia académica». En este sentido, añade que «no era una inquietud del centro, sino una forma de atender las necesidades de estos alumnos brillantes, pero a la vista de los buenos resultados conseguidos nuestra idea ahora es seguir participando en estas olimpiadas».

Para ello, Rayo asegura que «no tenemos que cambiar en nada nuestro programa docente, pues nuestros alumnos desde primero de la ESO ya realizan prácticas y trabajos en el laboratorio, así que simplemente ofreceremos la posibilidad de concursar a los estudiantes que disfruten trabajando y que destaquen en estas materias», manifiesta el director técnico.

El centro escolar ha realizado también un pequeño homenaje a sus «héroes» científicos, y ha entregado un obsequio en metacrilato que reconoce «su esfuerzo y sus buenos resultados». Por su parte, los protagonistas aseguran sentirse «muy contentos» con sus medallas, y aseguran sin pensárselo que «repetiríamos otra vez la experiencia».

Miguel Ángel asegura que iba muy bien preparado a su prueba, así que «no me resultó muy complicado». Declara que se ha preparado «realizando exámenes de años anteriores» y dedicándole «unas dos horas extra a la semana», por lo que añade que tampoco se ha privado de quedar con sus amigos ni de realizar algunas de sus aficciones, como jugar al tenis. No obstante, pese a su habilidad con la química, asegura que su futuro profesional está en la «ingeniería industrial, que es la carrera que quiero estudiar».

En el caso de Pablo, compitió con un total de 138 alumnos españoles, realizando una parte teórica de cuatro horas de duración en la que tenía que resolver tres problemas y una prueba experimental de otras tres horas, un reto que a pesar de sus buenos resultados le pareció «extremadamente complicado, pues todo el mundo comentó que el examen había sido muy duro», señala. Al igual que su compañero, Pablo se preparó realizando pruebas de física de años anteriores en su casa y dedicándole también más tiempo a esta materia en el horario escolar. Es una asignatura que le gusta, pero que no tendrá prioridad en su futura formación profesional, ya que su intención es matricularse en «la carrera de Informática».