Lo que está ocurriendo en el barrio de Los Pajaritos con el párroco es propio de una película de Berlanga. Un barrio contra un cura, manifestaciones vecinales en la puerta de la parroquia y hasta «amenazas» como señala algún feligrés. Manuel Talavera San Román, párroco de la Blanca Paloma, se ha visto envuelto en una polémica con la asociación de la tercera edad del barrio, que denunció que el sacerdote había cortado la luz y el agua al local anexo a la parroquia que es utilizado por este colectivo.

Tanto es así que hasta tuvieron que desplazarse hasta el lugar ayer tres furgonetas antidisturbios para evitar males mayores, en una concentración de dos horas en la que participaron una treintena de vecinos convocados por la asociación de mayores. Como cuenta Francisco Robledo, un feligrés defensor del cura que afirma que ha sido expulsado de la asociación por posicionarse a favor del párroco, «Don Manuel tuvo que dar misa ayer escoltado por dos policías».

Tan encendido está el asunto, que la propia Archidiócesis tuvo que emitir un comunicado en el día de ayer para mostrar su «total respaldo» al párroco de la Blanca Paloma. Manuel Talavera, que fue contactado por Sevillaciudad.es, no quiso entrar en el asunto y se remitió directamente al comunicado que ha hecho el Arzobispado, en el que destaca su «buen hacer» al frente de la parroquia, ya que «existen sobrados argumentos» para ello. Asimismo, la Archidiócesis le agradece sus «esfuerzos» por regularizar los usos de los locales parroquiales «para los fines propios de la iglesia: la catequesis, la celebración de los sacramentos y el ejercicio de la caridad». Igualmente, el Arzobispado lanza un llamamiento a favor del diálogo para superar un «lamentable desencuentro», cuyas consecuencias «podrían redundar en perjuicio de la vida parroquial».

Un año y medio lleva Manuel Talavera San Román como párroco en Los Pajaritos y la convivencia con algunos miembros de la asociación y vecinos ha ido enquistándose, ya que antes de cortar la luz y el agua del local, y poner un candado en el lugar donde los mayores juegan a la petanca, cortó dos árboles que estaban secos y retiró unos bancos que, según Francisco Robledo, servían para que «algunos jóvenes hicieran cosas malas».

El párroco huye de toda la polémica y sigue ejerciendo su labor. Mientras, algunos vecinos como Francisco Robledo y el Arzobispado intentan poner paz en el asunto y apelar al diálogo para resolver este entuerto que no ha hecho sino poner más piedras en el camino en la convivencia de un barrio con demasiados problemas sociolaborales.