Un total de 420 niños del colegio público de Infantil y Primaria Ortiz de Zúñiga han interpretado y cantado la salve rociera al Simpecado de la Hermandad del Rocío del Cerro del Águila, siguiendo con una tradición que cumple en esta edición 25 años.

Alrededor de las diez de la mañana, el estandarte de la hermandad entraba al patio del centro escolar situado en el antiguo matadero municipal, al que seguían la comitiva encabezada por el hermano mayor, José Ruiz Ojeda, así como por el delegado del Distrito Cerro-Amate, José Miguel Luque, y tras ellos, la carreta de plata, muy aplaudida por las decenas de padres y vecinos que se agolpaban a las puertas del centro escolar.

Se trata de la primera parada que hace la corporación rociera en su camino hacia la aldea, una tradición «que se viene realizando desde que se creó el colegio, por la relación del centro escolar con el barrio del Cerro del Águila ya que, al estar situado dentro de la zona de escolarización, el Ortiz de Zúñiga se considera el colegio del barrio, pues la mayoría de los alumnos residen en el Cerro», señala Paqui Rodríguez, jefa de estudios.

Los alumnos de tercero y cuarto de Primaria han sido los que han puesto la voz, mientras que los de quinto y sexto curso han interpretado la salve tocando la flauta, el metalófono y la caja de percusión, y los cursos inferiores han acompañado al ritmo, ya que «todas las clases participan en este acto, en el que se realiza también una ofrenda floral al Simpecado y hay varias alumnas que bailan una sevillanas delante de la carreta».

Se trata de una acción que sirve «para aunar aún más al Rocío del Cerro con esta comunidad educativa, pues compartimos muchas cosas, ya que los valores que se ensalzan como baluarte de la hermandad son también los que conforman la filosofía del colegio, y los que se emplean en la educación de los niños, y son el respeto, la solidaridad, la justicia, la fraternidad, etc.», señala la dirección del centro.

El Ortiz de Zúñiga ha pedido a la hermandad rociera que «cuando estéis delante de la Señora le transmitáis las necesidades de esta comunidad educativa, y le pidáis fuerza para todos, esperanza y serenidad para luchar contra todos los males, y también capacidad para dar y darnos, para que podamos acompañar a las personas que padecen muchas dificultades siempre desde el respeto».

El hermano mayor de la corporación agradeció sus palabras entonando un «¡Viva el Simpecao divino!», «¡Viva la madre de Dios!», y un «¡Viva el Ortiz de Zúñiga!» que levantó con aplauso a todos los estudiantes.