La construcción y puesta en servicio del apeadero de Renfe en el barrio de Padre Pío, por donde circulan distintos trenes de mercancías así como la línea circular C4 -que conecta la estación de Santa Justa con el Palacio de Exposiciones y Congresos, Fibes- ha supuesto grandes ventajas para el barrio en términos de movilidad pero, también, otros muchos inconvenientes. Entre ellos, destaca que las estructuras de los edificios más cercanos al apeadero están afectadas por grietas «cada vez mayores» ya que «los vecinos no dan abasto arreglando fisuras en sus fachadas», declara el presidente de la asociación de vecinos Guadaira, Fernando Villasante.

La sede de la entidad, situado en la plaza de Antonio Ruiz García «El Menda», es uno de los muchos edificios dañados. Se trata de un local que se levanta sobre terrenos propiedad de Renfe cedidos a la asociación de vecinos, por lo que la directiva actual se encuentra ante una difícil coyuntura: «Estamos muy agradecidos a la empresa ferroviaria por habernos transferido el terreno pero, por otra parte, debemos actuar como entidad al servicio de los vecinos y canalizar las continuas protestas que nos llegan contra Renfe, debido al continuo paso de trenes mercancías a una gran velocidad, lo que hace que tiemble toda la calle».

La directiva declara que han sido los socios los que han reformado el interior del local social, una obra sufragada con fondos propios de la asociación, ya que la sede actúa como punto de encuentro entre los vecinos del barrio. No obstante, «nos hemos quedado sin presupuesto para arreglar la fachada y evitar que las grietas se hagan más grandes, por lo que estamos estudiando cómo podemos financiarla y si podemos obtener ayudas para este fin», manifiesta el presidente.

Pero aparte de las fisuras, el ruido por el paso de mercancías de madrugada es otro problema que tiene a los vecinos «muy enfadados». A este respecto, la asociación Guadaira se ha puesto en contacto con el director de Operaciones Sur de Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), José Emilio Limones, ante la sospecha de que «los conductores pasen saltándose los límites de velocidad entre las doce y las tres de la madrugada, interrumpiendo el descanso de los residentes más próximos al apeadero». Por ello, ha solicitado «que se aminore la velocidad al paso de las viviendas, lo que reduciría significativamente el ruido y también el temblor en los edificios».

Respuesta de Adif

Por su parte, Adif declara que la velocidad máxima del trayecto es de cien kilómetros por hora, «aunque los trenes de cercanías no alcanzan en ese punto la velocidad mencionada ya que han de parar en el apeadero de Padre Pío. Asimismo, los trenes de mercancías, dada la proximidad de la estación de La Negrilla, tampoco es previsible que alcancen la velocidad máxima permitida, excepto aquellos que sean de paso directo por la mencionada estación».

La empresa asegura que circulan por el apeadero una media de 46 trenes de lunes a viernes, 36 de viajeros y diez de mercancías. De ellos, en horario nocturno (de 00:00 a 06:00 horas) pasan cuatro trenes de mercancías. A este respecto añade que «la mayoría son trenes eléctricos de cercanías por lo que el ruido que producen, tanto por su propio funcionamiento como por la configuración de la vía es mínimo, además de amortiguarse entre las pantallas de hormigón que conforman los cerramientos de la línea, dado que el trazado se encuentra vallado con un cerramiento formado por placas de hormigón armado de aproximadamente tres metros de altura por ambos lados».

Para finalizar, el representante del administrador ferroviario concluye que «el tráfico de trenes no presenta ningún riesgo para los vecinos de la barriada, salvo que deliberadamente se introduzcan a través de los andenes del apeadero saltando la protección metálica que disponen para impedir el acceso».