Una de las principales vías del distrito Cerro-Amate es la Avenida de Hytasa, antes Héroes de Toledo, una calle que debe su nombre al resplandor e importancia que adquirió la fábrica textil «Hilaturas y Tejidos Andaluces S.A. (Hytasa)», referente a nivel europeo en su época, siendo la industria más importante constituida tras la Guerra Civil. Hoy día, además de esta importante travesía, rotula también un Polideportivo y un centro cívico levantado en parte de lo que fueron sus instalaciones en el barrio del Cerro del Águila.

La construcción en 1937 del complejo textil Hytasa se engloba en los planes de industrialización de Sevilla puestos en marcha por el General Queipo de Llano para promover la recuperación económica de España, con el objetivo de aprovechar la producción algodonera de la baja Andalucía. Esta industria supuso un gran revulsivo para el barrio en lo que a empleo se refiere, después de que las expectativas económicas de la Exposición Iberoamericana de 1929 fijara en el Cerro del Águila a sus primeros residentes.

La fábrica ocupó una parcela de 35.000 metros cuadrados dedicándose a la actividad textil en las labores algodoneras y laneras en sentido vertical, es decir, desde la recolección, hilado, tejido, acabado, confección y posterior comercialización desde la central sevillana y sus delegaciones de Madrid y Barcelona para el comercio nacional e internacional.

La oferta de empleo atrajo a miles de trabajadores hasta esta zona de la ciudad, personas que acabaron estableciéndose en el Cerro y que contribuyeron de manera decisiva al crecimiento demográfico y urbanístico del barrio. De hecho, se calcula que en sus años de esplendor, Hytasa empleó a más de 2.500 personas personas de manera fija, un número que podía alcanzar cotas de 3.300 empleados en los meses de más empleo.

El complejo textil fue creciendo y diversificando la oferta, pues además del negocio textil, Hytasa contó con una constructora, responsable de la edificación de los pisos de la calle Salado, en el barrio de Triana. Tenía además una sección mecánica, otra de carpintería, una central térmica, y contaba con servicio médico, una escuela y su propio economato.

La compañía conoce sus mejores años entre 1958-1962, pero distintos factores como la paulatina apertura de los mercados, el aumento de la competencia, la importante economía sumergida del sector textil, la propia baja productividad y los errores en la dirección la hacen entrar en crisis. De hecho, a partir de 1967 no reparte beneficios y en 1975 conoce pérdidas de manera sucesiva.

A principio de los años ochenta es expropiada y pasa a Patrimonio del Estado, pero sigue siendo muy deficitaria, por lo que en 1990, en un intento de privatización, se vende al consorcio Gossypium/Integusa y cambia de nombre, denominándose Mediterráneo Técnica Textil. Este consorcio empresarial se compromete a mantener la plantilla, ya muy inferior a la de 15 años antes, y a aportar 2.700 millones de pesetas para su relanzamiento. Sin embargo, al año siguiente de la compra, la principal empresa de esta unión -Gossypium- presenta suspensión de pagos. Por tanto, la fábrica vuelve a Patrimonio del Estado, pero la decadencia de la empresa se acentúa cada vez más y se comienzan a enajenar terrenos y naves ya sin actividad. En 1997 cerraría sus puertas definitivamente.

 Fotos y documentación cedidas por Luis Montoto.