En el barrio de Palmete, junto al polideportivo de La Doctora, se encuentra la sede social de la Asociación Andaluza de Epilepsia, Ápice. Es una entidad que nace con el único objetivo de «luchar para que la epilepsia deje de ser una manifestación que hay que ocultar por miedo al rechazo social, y para que las personas con esta enfermedad puedan incorporarse al mundo estudiantil y laboral», señala su presidenta, Rosario Cantera de Frutos.

Se trata de una afección neurológica que padecen, aproximadamente, «unas 8.000 personas en Sevilla», «el trastorno más común tras las cefaleas», apunta la presidenta, pero que, no por eso, deja de ser un «tabú». Para eliminar falsos mitos y leyendas en relación a la epilepsia, Ápice realiza una importante labor informativa, tanto en su sede, atendiendo a familiares de enfermos, como en centros educativos, ferias, congresos o con distintas mesas en centros de salud, hospitales, farmacias o empresas.

«Nos hemos encontrado incluso con personal cualificado para realizar primeros auxilios y que no tiene ni idea de cómo tratar una crisis epiléptica, pues lo primero que escuchamos es la falsa creencia de que hay que ponerle algo en la boca al enfermo porque se puede tragar la lengua». Según la presidenta, también es una práctica errónea «intentar frenar las combulsiones, pues hay que dejar que la crisis se lleve a cabo, poniendo a esa persona de lado y evitando que se golpee en la cabeza. Lo demás es sólo tener paciencia y que la crisis pase», explica Cantera de Frutos.

Dado el desconocimiento general que existe en torno a la epilepsia, Ápice ha mantenido ya conversaciones con el Distrito Cerro-Amate para organizar un proyecto que consiste en impartir cursos sobre la enfermedad destinados a la Policía Local y a otros cuerpos de seguridad ciudadana que «suelen ser los primeros en llegar a un suceso en el que se vea envuelta una persona epiléptica, con el objetivo de garantizar que estos enfermos tengan la atención que necesitan».

La entidad reconoce que tanto «el Distrito como otras instituciones sevillanas colaboran asiduamente con la asociación», pero manifiesta que su deseo es «contar con un centro de integración sociolaboral y con un sitio donde realizar campañas de comprensión y de aceptación de la enfermedad».

A la espera de que éste se haga realidad, Ápice continúa desarrollando talleres y cursos de formación en su sede, ya que «la formación es fundamental para integrarse en la sociedad». Por ello, se dan clases de informática, de habilidades domésticas, de estimulación cognitiva, de pintura y manualidades y de arteterapia, para expresar sentimientos a través del arte. Además, se realizan otras actividades de carácter lúdico y deportivo.

El 30 por ciento de las personas epilépticas «no llegan a controlar nunca su enfermedad, pese a la fuerte medicación que toman y los efectos secundarios que le acarrean», apunta la presidenta. Por ello, necesitamos «que la ley reconozca un 33 por ciento de discapacidad a estos enfermos, para que puedan tener alguna ventaja a la hora de encontrar un puesto de trabajo frente a los demás», concluye.