Decía María Potestad que cuidando la rotonda situada en la puerta de su casa, en la calle Puebla del Río intersección con la calle Las Navas, continuaba con el legado de su marido. Ahora María, la mujer de Antonio Menacho López, tan sólo tiene que asomarse a la ventana de su salón para seguir recordando a su esposo. Desde este miércoles, día en el que se rotuló la glorieta con su nombre, este vecino de Padre Pío estará siempre presente en la historia de Sevilla.

Hoy más que nunca es su rotonda, como él siempre la llamaba. Su mujer emocionada, con lágrimas en los ojos, lo recuerda en un día tan especial para la familia y vecinos, y confiesa «lo orgulloso que estaría mi niño si viera este reconocimiento». El homenajeado cuidó hasta el día de su muerte, en el año 2012, la glorieta que ahora lleva su nombre. «Era como su pequeño jardín», relata María. 

Desde hace 25 años, Menacho había dedicado todo su tiempo de ocio a este espacio. Cada dos días la regaba «con mucho esmero», plantó adelfas, palmeras y una higuera y, cuando no estaba tratándola, la custodiaba desde su ventana, sentado o de rodillas en una silla, como explica su esposa, satisfecho de lo que él con sus propias manos había creado en su barrio. Desde que falleció Antonio, María ha sido la que se ha encargado de cuidar las plantas, «mimando la rotonda me siento más cerca de él, la seguiré cuidando mientras viva y si algún día yo no puedo contrataré alguien para que lo haga», dice.

María es muy creyente y está segura de que Antonio estuvo presente en el acto de rotulación. «Ahora la estará mirando desde su particular ventana, una muy diferente a la de mi casa, hoy la ve desde la ventana del cielo». Potestad se deshace en palabras cuando habla de su marido, por eso agradece infinitamente al Distrito Cerro-Amate y al Ayuntamiento de Sevilla que le hayan concedido este honor a su marido.

La inauguración estuvo presidida por el delegado del distrito, José Miguel Luque, que sólo tuvo palabras de agradecimiento para la familia por hacer de este lugar de la ciudad un espacio mejor «tenéis que estar muy orgullosos de vuestro padre y marido porque este es un reconocimiento que ha sido pedido por los vecinos y eso dice mucho de quien fue en su día Antonio».

El delegado no quiso dejar pasar la ocasión sin entregarle a María un ramo de flores y una pachira, conocida como la planta de la buena suerte. María aseguró que ese ramo de flores acompañaría a su marido en el cementerio y que hoy mismo plantará la pachira, símbolo del día que «Sevilla reconoció la labor de tantos años de mi marido».

Cuenta María que Antonio siempre le decía «tú a mi lado, no te vayas a ir, incluso cuando estaba en la UCI, me pedía que me escondiese detrás de la puerta para que las enfermeras no me vieran que estaba allí en horarios que no podía estar en la habitación». De alguna forma, cuidando la rotonda había conseguido complacer a su marido, ahora «con esta placa a lado de mi casa, si que estoy junto a él».