Aunque el devenir del último siglo no lo haga evidente, Torreblanca posee un pasado histórico que se descubre nada más indagar en el significado de su nombre, que anteriormente se completaba como Torreblanca de los Caños. Por este punto del municipio hispalense pasaban los Caños de Carmona, unas infraestructuras islámicas del siglo XII destinadas a abastecer de agua potable a Sevilla.

Para reforzar la protección de la ciudad de potenciales ataques, se dispuso una serie de torres aisladas del sistema amurallado, pero comunicadas visualmente entre sí.

Molino harinero que aprovechaba el agua de los Caños de Carmona

Molino harinero de los Caños de Carmona

En este lugar existía una de esas torres almenaras que cumplía además la función de velar por las canalizaciones.

De ella deriva la designación del barrio, como explica Joaquín Cortés José en «Sevilla Extramuros».

Se trataba de un enclave de cierta monumentalidad, pues los caños permanecían soterrados hasta llegar a Torreblanca, donde emergían como acueducto hasta llegar a su destino, la Puerta de Carmona.

De ahí viene su característico nombre, pues aunque el preciado líquido provenía de la Campiña sevillana, lo hacía desde el manantial de Santa Lucía, en Alcalá de Guadaíra.

Con el fin de aprovechar el paso del agua, y a cambio de realizar las labores de mantenimiento de los caños, el rey Alfonso X impulsó la creación de molinos harineros.

Es posible que los primeros poblamientos en la zona, que no el origen del barrio, se produjeran en torno al que daba servicio en Torreblanca.

Existen ciertos documentos que fechan obras de restauración de dicho molino a finales del siglo s. XV.

 Camino a Roma

La condición de nexo que Torreblanca ofrece con la cercana localidad alcalareña, de cada vez menor separación ante los diversos polígonos industriales y centros comerciales que se han ido creando en la a-92, no es, por tanto, ni casual ni reciente.

De hecho podemos remontarnos incluso al siglo I a.C, pues el barrio se encuentra junto al trazado de la antigua Vía Augusta, una de las cuatro conexiones principales entre la Roma clásica y el resto del imperio.

La senda, que partía desde Cádiz atravesando diagonalmente toda la península ibérica, tenía uno de los puntos de paso más cercanos a Sevilla en Torreblanca, pues el camino no llegaba a entrar en las ciudades, y de ahí continuaba hacia Alcalá y Carmona. Esta bifurcación se producía justo donde hoy en día se encuentra la rotonda de acceso al barrio.

Mapa de vías romanas que circundaban Sevilla

Mapa de vías romanas que circundaban Sevilla

Es muy probable que en la época romana también existieran torres vigía y canalizaciones de agua, pero los testimonios son difusos. En cambio, toda la información relativa a la Vía Augusta se desprende de los miliarios hallados, unas inscripciones que actuaban a modo de hitos de circulación, de compartimentación de distancias para el viajero, que se pueden contemplar, en gran número, en el Patio de los Naranjos de la Mezquita de Córdoba.

La huella romana en Torreblanca fue visible hasta hace no más de dos décadas, momento en el que aún era posible contemplar los restos de una taberna y de una casa de huéspedes. Los trabajos de construcción y mejora en la Plaza de la Juventud y la Avenida de Pero Mingo acabaron con estos vestigios, aunque también supusieron el descubrimiento de enseres previsiblemente propiedad de emperadores y dirigentes de Roma.

Curiosamente, la hermandad que vertebra la vida en el barrio, la de los Dolores, muestra en su paso de misterio el pretorio de Poncio Pilatos, procesionando cada Sábado de Pasión por el que fuera un recorrido de marcada esencia imperial. Y es que, todos los caminos llevan a Roma. También Torreblanca.