Clasificados para las seminifinales de la Copa de Europa tras ganar en Belgrado al Estrella Roja, los jugadores, entrenadores, cuerpo técnico y periodistas se disponían a volver a casa, a Manchester. El avión en el que volaban tenía que hacer una parada para repostar en Munich y fue allí, al despegar, cuando el aguanieve de la pista provocó el accidente que marcó la historia del Manchester United, 23 muertos y 21 supervivientes.

Diez años después, en 1968, había un rincón del planeta que no se olvidaba de aquellas 23 personas. Un equipo de fútbol estaba a punto de forjarse en Torreblanca de los Caños y qué mejor nombre que el que llevaban las víctimas de Munich, el que coreaban, con el que se les temía: Los Diablos Rojos.

El club nació como un mero entretenimiento, por el afán de practicar el deporte rey entre un grupo de amigos. Un día, según cuenta el actual vicepresidente primero de Los Diablos Rojos, Antonio Rodríguez, «llegaría Antonio Jiménez los reuniría y propondría darle seriedad al equipo, a partir de ahí deciden formar un equipo, comenzar a competir a nivel local y porteriormente como un equipo federado».

Actualmente Los Diablos Rojos no solo tiene un equipo, sino doce. Dos grupos de iniciación (de 3 a 6 años), dos de prebenjamines (6-7), otros dos de benjamines (8-9) y dos alevines (10-11) que juegan fútbol 7. A ellos se suman el infantil (12-13), el cadete (13-14), el juvenil (14-15) y el senior (15-16).

Este es el plantel más actual, pero desde que el equipo se forjó ha habido además equipos femeninos y de baloncesto. Una auténtica labor que nació como una labor social, una distracción y una salida para los jóvenes de Torreblanca y que hoy continúa su tarea pero ya enfocada a otros objetivos. «Ya no es una salida para evitar otro tipo de ambientes pero sigue realizando una importante labor social que es la que nos mantiene al pie del cañón. Las nuevas generaciones son de consolas y no pisan la calle, esto les ayuda a relacionarse con otros chicos, a salir, moverse y mitigar la obesidad infantil, que cada vez es mayor».

Una labor que se hace casi de forma gratuita, «muchos padres casi ni pagan, nos mantenemos con la subvención y las rifas que organizamos». Aquí lo importante es «que los niños no sean sedentarios, en definitiva, que reciban una educación en valores», algo que hacen y de una forma muy divertida.

Pero Antonio, en su actual cargo en el club hay algo que le preocupa mucho y es el futuro «tenemos miedo de que privaticen las instalaciones nuestro campo, el estadio de San Antonio, porque eso obligaría a cobrar una cuota fija todos los meses y en este barrio no podemos pedir cincuenta euros a los padres cada mes, porque nos quedamos sin equipo» cuenta, no solo mirando por Los Diablos Rojos sino que «el futuro lo veo muy negro para nuestro club y para otros de Sevilla que tienen el mismo problema».

Pero una labor como la que hace este club, una trayectoria tan envidiable y el barrio luchador al que pertenece no van a permitir que los Diablos Rojos de Torreblanca se estrellen, estos “demonios coloraos” tienen aún mucho que demostrar.