«Podía bajar como Tarzán, si no quería esperar el ascensor», una declaración que dicha así puede resultar algo inverosímil pero teniendo en cuenta que hablamos de unos árboles de excesiva altura y ramaje, que el viento casi empuja dentro del salón de una quinta planta, seguro que ya esa frase comienza a tener sentido.

Francisco Luciano lleva algo más de un año viviendo en Emilio Lemos y asegura que «es la primera vez que veo la calle» de hecho, «mi hijo hoy a salido a dar una vuelta y, cuando se ha ido, mi mujer se me ha acercado corriendo y me ha dicho: !oye que lo he visto salir!», refiriéndose a las vistas que ahora tiene desde su terraza o, que ha tenido siempre pero hasta ahora desconocía. «Te asomas y te das cuenta de que hay gente que pasea por la calle» dice Franciso, esbozando una sonrisa, sobre un tema que no ha tenido nada de gracia y según sus vecinos, «parece ser que llevaba años y años sin tocarse».

«Era una medida urgente por varios motivos. Uno, la visibilidad. Dos, los bichos, era horrible la cantidad de mosquitos que se colaban en casa y venían del árbol. Tres, el peligro con las fuertes rachas de viento, de hecho, un vecino mío de plantas más abajo dice que estos días parecía que el árbol se le iba a colar en casa» explica Francisco.

Así que tras años solicitándolo los vecinos han conseguido que se realice la poda. «La verdad es que han sido muy efectivos, el viernes antes de Semana Santa nos avisaron de que el lunes posterior al Domingo de Resurreción comenzarían con la poda y en menos de tres días estaban los trabajos hechos», una labor que tanto Francisco como todos sus vecinos han sabido agradecer «igual que hemos estado pidiéndolo reiteradamente cuando alguien nos ha escuchado y han venido a podarlo pues hay que dar las gracias así que el mismo día que terminaron la poda llamé al distrito y di las gracias».