El ambiente era de lo más festivo. No era para menos. 36 familias hacían esta mañana su sueño realidad al recibir las llaves de una vivienda de Emvisesa en el barrio de Torreblanca. Los rostros de felicidad de hoy eran la nueva apariencia de 36 historias. Realidades de esas que son difíciles de contar sin que se forme el nudo en la garganta.

El salón de actos de la sede de Emasesa, en la calle Escuelas Pías, sido el escenario de este emotivo acto, coordinado por la delegada de Familia, Asuntos Sociales y Zonas de Especial Actuación, Dolores De Pablo-Blanco, y que ha contado con la presencia de Ignacio Flores, delegado del Distrito Este-Alcosa-Torreblanca, y de Miguel Contreras, director gerente de la Empresa Municipal de Vivienda.

Manuela, Sanai, María Antonia, Macarena, Natividad, Marisol… Los nombres iban sonando tan sólo «interrupidos» por los aplausos que nacían de los demás asistentes. Personas que a partir de hoy serán vecinos de la calle Albérchigo, compartiendo una historia pasada común de sacrificios y situaciones al límite de la exclusión social.

Contreras, De Pablo-Blanco y Flores entregando las llaves a una madre y su hija

Contreras, De Pablo-Blanco y Flores entregando las llaves a una madre y su hija

«Para mí esto es grandísimo. El requisito que me ponían para tener la custodia de mi hija de tres años era tener una vivienda, y ahora por fin la tengo», reconocía una de las agraciadas, sin poder contener el «alegre» llanto.

«He estado de okupa hasta que me pillaron y tuve que dejar la casa. Tengo tres hijos, y no podía hacer otra cosa para darles un techo», explicaba otra de las elegidas, que arrastraba además el duro lastre de los malos tratos. Ahora llegaba acompañada de su actual pareja, otra chica, sin ocultar la felicidad que suponía conseguir una vivienda «tras llevar pidiéndola 25 años».

La alegría estuvo presente en todo momento

La alegría estuvo presente en todo momento

«Hoy es un día muy feliz para el Ayuntamiento de Sevilla, pero sobre todo para ustedes, porque inician una nueva y esperanzadora vida», explicaba Dolores De Pablo-Blanco, que definió esta actuación, la primera promoción de Emvisesa que se pone al completo a disposición de Asuntos Sociales, como «el resultado final de un procedimiento de coordinación, colaboración y compromiso entre las tres entidades».

«Hay más de 12.000 solicitantes en el registro de estas viviendas, y vosotros habéis sido elegidos independientemente del número que tuviérais», comentaba la delegada asegurando que la objetividad del baremo social empleado, estudiando cada caso a partir de 74 criterios diferentes, «los que han determinado la prioridad para lograr estas viviendas de renta social».

Por ejemplo a favor de una madre soltera de Bolivia, que llevaba «ocho complicados años en España», trabajando en lo que iba saliendo para alimentar a su hijo. «Veo esto como una recompensa por tanto esfuerzo, estoy muy contenta».

O en beneficio de una mujer que, aún habiendo trabajado, llevaba sin cobrar varios meses. «Al menos con la nueva casa me he quitado un buen problema de encima», explicaba aferrada al maletín con la documentación que le habían hecho entrega minutos antes.

 

Los gestos de complicidad y los aplausos se sucedieron en la entrega de llaves de Emvisesa

Los gestos de complicidad y los aplausos se sucedieron en la entrega de llaves de Emvisesa

De Pablo-Blanco recordó el gran interés del alcalde Zoido, cuya presencia estaba prevista pero no pudo materializar por problemas de agenda, y agradeció el trabajo de los técnicos de Asuntos Sociales, de Emvisesa y del propio Ignacio Flores, que recibió un sincero aplauso de los presentes. «Vais a tener un delegado de lo más cercano y que se ha preocupado por cada uno de vosotros», comentó orgullosa.

El salón de actos se desalojó en apenas cinco minutos. Había nervios y ganas de descubrir los pisos. Aunque no serán los únicos. El total de viviendas asciende a 52. Las 16 restantes se irán entregando conforme la Junta de Andalucía vise los documentos. Será entonces cuando toda esta comunidad pueda mirar hacia delante con la tranquilidad de tener, al menos, un lugar al que llamar hogar.

 

Fotografías: Fran Piñero