Con un recuerdo de lo que era la Semana Santa en su infancia, comenzó a construir un recuerdo imborrable de lo que es la Semana Santa para Torreblanca. Eugenio Baisón logró enganchar a los asistentes en un viaje que recorría la vida cofrade del barrio desde la solidaridad que caracteriza a la hermandad de los Dolores de Torreblanca.

Menos mal que no era pregonero. Menos mal que no era ni poeta, ni escritor, porque si lo hubiese sido las lágrimas de emoción vistas ayer en las caras de los asistentes hubieran inundado la Parroquia de San Antonio de Padua. «Desde el principio los vellos de punta» decía una mujer a su salida, «fabuloso» decía otra, «¡el mejor pregón!» proclamó un hombre y con esto ya no había nada más que decir.

«Ser solidario también es un deber» así comenzaba a dar las gracias y a seguir llamando a la donando ese «oro líquido» que todos podemos tenemos. Una escalera que simula lo que hemos recorrido, las vivencias actuales y lo que nos queda por vivir. Peldaños que queremos ir subiendo solos, cuanto mejor subidos y más arriba, mejor. Pero aunque en la etapa adulta no necesitamos ayuda para subir esas escaleras sí que tenemos una «dependencia emocional».

Por ello, «esas personas que están enfermas, que por algún motivo no pueden seguir subiendo, si las conocemos podemos acompañarlas, ayudarlas, apoyarlas. Pero son muchas las personas enfermas que no conocemos y no podemos subir las escaleras sin mirar los peldaños del de al lado. Es por eso que hay veces que nuestra única manera de ayudar es aportando una sustancia vital para vivir: la sangre» pregonaba Eugenio.

Un llamamiento en casa, porque Eugenio no olvidaba, de hecho fue eso lo que le obligó a decir sí al pregón, que había sido la hermandad de los Dolores de Torreblanca la que más había tendido su brazo para esta causa. Con más de cien bolsas de sangre y siendo el primer rincón de Sevilla en el que se probaba la donación de plaquetas, Torreblanca cada día «me da una lección y me anima a seguir en la lucha».

«Tenía que llegar y llegó Nuestro Padre Jesús el Cautivo a Sevilla» hacía referencia Eugenio al Via Crucis de Sevilla donde estuvo acompañando a la hermandad de los Dolores, guardando a buen recaudo cada uno de los momentos que allí se vivieron. Palabras para el Cristo y para la Virgen, para esta Semana Santa y las venideras, para Torreblanca y su gente pero sería el momento de hablar de su hijo José Fernando cuando la voz de Eugenio se quebraría, haciendo llegar a los asistentes cada sentimiento que escondían sus palabras, «¿te acuerdas José Fernando cuando veía los pasos por el barrio? tu te reías y señalabas sin imaginar lo que vendría después. Lo que daría yo por ver otra vez ese pelito rubio cogiendo caramelos».

El corazón en la mano, todo fue pura emoción y sentimiento. Sensación que transmitió a todos los presentes en la iglesia de San Antonio de Padua. Emociones que no hicieron más que corrovorar que, como bien dijo el Hermano Mayor, Luis Miguel González, «es un ejemplo de hombre sencillo y humilde pero también muy necesario en nuestra sociedad». Por esa necesidad, por ese cariño y por se Eugenio Baisón además de una placa conmemorativa, a este singular pregonero se le hizo entrega de uno de los cirios que acompañaron al Cautivo y la Virgen de los Dolores de Torreblanca hasta la iglesia de Santa Marina.