«Un día muy triste» así define el hermano mayor de la hermandad de los Dolores de Torreblanca, Luis Miguel González, la tarde de ayer. Tristeza que se convirtió en grandeza, porque aunque las lágrimas se contagiaron y los fieles sentían un nudo en el estómago que no podían obviar, «Torreblanca volvió a demostrar su devoción por esta hermandad y hasta que por la noche no se cerraron las puertas de la iglesia estuvieron allí visitando a sus imágenes»

Muchos vecinos del distrito, sevillanos y andaluces en general, esperan cada año la llegada del Sábado de Pasión para ver pasear a María Santísima de los Dolores por las calles de Torreblanca. Una de esas estampas cofrades que casi ningún sevillano quiere perderse, pero que ayer inundaron los ojos de los fieles de lágrimas porque el Cautivo y la Dolorosa no cruzarían las puertas de San Antonio de Padua.

«Desde muy temprano había un gran ambiente a las puertas de la iglesia, ambiente de ilusión» cuenta Luis Miguel González, hermano mayor de los Dolores de Torreblanca, «pero era un riesgo que no podíamos correr». La decisión no se hizo esperar, cayó como un jarro de agua fría «la posibilidad de chubascos tormentosos a lo largo de la tarde nos hizo tomar esa decisión, nosotros por el camino no tenemos dónde refugiarnos así que tuvimos que hacer un voto de responsabilidad».

Pero una vez más Torreblanca demostró su grandeza y la tristeza que allí se vivió no hizo más que incrementar el sentimiento, la devoción y la ilusión por ver sus imágenes, por estar cerca de ellas un Sábado de Pasión. «Los vecinos de Torreblanca y media Sevilla que se desplazó hasta aquí, volvieron a demostrar su devoción por esta hermandad ya que hasta las 9 de la noche que cerramos la iglesia no paró de entrar gente a visitar las imágenes».