El delegado del distrito Este-Alcosa-Torreblanca, Ignacio Flores, ha dado permiso al cartero real para que recoja las cartas que los niños de Sevilla Este quieren hacer llegar a los Reyes Magos. Un pasacalles de lo más animado y reparto de chuches, pelotas y caramelos han sido algunas de las actividades que no han querido perderse ni Melchor, ni Gaspar, ni Baltasar.

Eran las 12 de la mañana los tambores anunciaban que los reyes se acercaban. Una banda tocaba villancicos, éxitos del verano y demás temas que arrancasen el baile en los presentes. Tras la banda los beduinos bailaban sin parar a la vez que tocaban las panderetas, la marcha de estos pajes escondía tras ellos a sus majestades de oriente que pasearon tirando caramelos y haciéndose fotos con los niños.

La primera parada en la sede del distrito, allí el cartero real pedía permiso al delegado para recoger las cartas de los niños de Sevilla Este. Ignacio Flores dio un sí rotundo que los presentes continuaron con un gran aplauso. Pelotas, caramelos, frutos secos y chucherías empezaron a caer, el delegado, los reyes y el cartero lanzaban todos estos regalos a los niños allí presentes.

Pero el recorrido continuaba, una vuelta por la zona para hacer bajar a todos los vecinos rezagados que aún no se habían enterado de que los reyes estaban allí. Cánticos y bailes hasta los tronos en los que los reyes y el cartero se sentaron para recibir individualmente a cada niño. Un regalo por una carta, así iban pasando los niños que nerviosos metían las cartas en el buzón y corrían a sentarse en la falda de su rey favorito para detallarle lo que quieren tener en sus casas mañana.

Una banda solidaria

El sector 21 de Sevilla Este no ha sido el primer alto en el camino de la banda que acompañaba a este pasacalles. Antes de llegar a esta zona de la ciudad han estado en la residencia Siglo XXI, en la carretera Alcalá-Utrera, animando a los ancianos y trabajadores con música y algún que otro regalo. Lo mismo han hecho con la residencia Ferrusola, del distrito Este-Alcosa-Torreblanca. Una visita emotiva que repiten cada año porque la acogida es «fantástica, eso sí, muchas lágrimas de emoción por parte de todos».