Cristina llega sonriendo y preguntando qué hará hoy en el taller de expresión corporal, así de contenta también llega Ana que tras repartir besos a todos los presentes se mete en el aula para empezar cuanto antes. Hoy toca hacer un mural por el día de la paz, así que pincel en mano han ido pintando símbolos y dibujos relacionados con la paz. Compartiendo colores, opiniones y risas los diez alumnos de este taller han dado color a una inmensa cartulina blanca. A simple vista parece una actividad más, sin nada que destacar pero ¿y si le dijeramos que estos chicos tienen una discapacidad?

Las tardes de los lunes y los miércoles en Albatros son muy divertidas. A partir de las 17.30 comienzan a entrar los alumnos del taller de expresión corporal, todos ellos sonrientes, repartiendo besos y saludando al «profe». Y es que no es para menos, les espera una hora y media de diversión rodeados de amigos.

A l taller de expresión corporal organizado por el distrito Este-Alcosa-Torreblanca asisten unos alumnos muy especiales no por su diversidad funcional sino por su alegría, su cariño y sus ganas de aprender de la forma más divertida. Parálisis cerebral, autismo y síndrome de down, tres discapacidades distintas que durante tres horas a la semana se unen para hacer actividades conjuntas.

El psicólogo Jose Antonio Cabo es quien imparte el taller y enamora a las madres que están muy contentas con él, «es estupendo, vamos a ponerle un altar mi hija viene contentísima y aquí se lo pasa muy bien» cuenta Charo, madre de Cristina una joven de 21 años con parálisis cerebral.

«Son discapacidades muy distintas y al principio se me hizo difícil establecer una serie de actividades que se adaptaran a todos» cuenta Jose Antonio que «he tenido que cambiar mi planteamiento inicial al conocer la forma de trabajar de cada uno». Con mucha inventiva y con el afán de disfrutar y motivar sus capacidades, este psicólogo ha organizado tareas que han conseguido mantener al alumnado centrado en una actividad, divirtiéndose en grupo.

«Mi hija, Ana, es muy sensible, cariñosa y lo que más le gusta es estar con la gente, le encanta hacer actividades de todo tipo en las que esté con otras personas. Así que agradezco mucho este taller porque mi hija viene y sale muy feliz», cuenta Esperanza la madre de Ana una niña con autismo. Una opinión que comparten todos los padres de los alumnos, una satisfacción a un trabajo bien hecho, el de Jose Antonio que cada lunes y miércoles aprende algo nuevo con sus niños.