Ropa, comida, atención, educación, integración son sólo algunas de las cosas que ofrecen los más de cien voluntarios que conforma Misión Urbana. Una Asociación que cumple 12 años y que nació como fruto de la unión de las obras sociales de cinco iglesias evangélicas.

Comenzaron poco a poco dando ropa y alimentos a las familias más necesitadas, con el paso de los años han ido incorporando nuevos proyectos, servicios, talleres y apoyo porque como bien dice el vicepresidente y coordinador de la asociación, Enrique Lobo, «no es suficiente con dar el pez, hay que dar la caña y enseñar a pescar para que un futuro sean autosuficientes».

Más de 1000 personas atendiendo y aún más en cartera. Misión Urbana es una asociación con 100 voluntarios y una larga lista de aspirantes a formar parte del proyecto «tenemos un índice de voluntariado muy alto en estructura, gastamos un 3% o un 4% de lo que entra lo demás todo va destinado a nuestra tarea. La gran labor, dedicación y el número de los voluntarios es lo que nos permite hacer todo lo que hacemos sin apenas recursos de subvenciones o ayudas» explica Enrique Mier, presidente de Misión Urbana.

La Asociación mantiene una colaboración estrecha con la Unidad de Trabajo Social del Ayuntamiento de Sevilla. Desde hace 5 años este servicio del Consistorio deriva muchos de sus casos a Misión Urbana, reconociendo así el buen hacer de la Asociación.

«Lo primero que se hace cuando una familia se pone en contacto o la derivan desde el Ayuntamiento, es un trato personalizado con nuestra trabajadora social que estudia las necesidades de esa familia en concreto» de este modo, cada familia tiene un trato personal acorde con lo que necesita, «algunas familias están compuestas por miembros que antes trabajaban y nunca han necesitado nada y como se han quedado en paro lo que necesitan es comida y ropa hasta que vuelvan a integrarse laboralmente, pero otras son familias desesctructuradas que necesitan una formación, una enseñanza para encontrar la estabilidad».

Una vez la trabajadora social registra las necesidades y ha estudiado la situación de la familia se establecen las medidas que se han de tomar con ese caso en concreto (comida, formación, tratamiento psicológico… etc). «Dependiendo de las necesidades los incorporamos a talleres de padres, talleres educativos familiares, colonias urbanas y demás proyectos que les vengan bien y les obligamos a venir porque sino no sirve de nada».

Actualmente Misión Urbana tiene en marcha 18 proyectos que abarcan diferentes campos para intentar cubrir así el mayor número necesidades sean del ámbito que sean. «Desde talleres proinfancia para los más pequeñitos como acompañamiento para las personas mayores». Para ello, entre sus voluntarios tienen a una pedagoga, a una psicóloga de menores «los recursos humanos de esta asociación es lo más valioso que tenemos».

Aunque como se ha explicado es una asociación fruto de una unión de las obras sociales de iglesias evangélicas hay algo que el presidente quiere dejar clarísimo y es que «no hay argumentos excluyentes, aquí da igual que sean musulmanes, judíos, ateos, cualquier creencia queremos dar a los que lo necesitan sin condiciones, no vamos a dar a cambio de que se conviertan al evangelismo porque eso no valdría para nada ni para ellos ni para nosotros» explica Enrique Mier a lo que añade de forma contundente «si acaso el 1% de las personas que atendemos son evangelistas los demás o son de otras religiones o no creen en nada, pero quiero dejar claro que no nos importa, solo nos importa cubrir sus necesidades».

Con todo esto, ni que decir tiene que Misión Urbana es una de las asociaciones que más está notando la crisis económica, «hace tres años el 70% de las personas que atendíamos eran inmigrantes y 30% eran españoles, actualmente se han invertido los papeles». Una situación que hace aún más dura, si cabe, la labor de estos voluntarios, «nos han llegado a agredir al llegar aquí y decirles que no podemos atenderles, pero no por nosotros sino por falta de recursos. Estamos atendiendo al doble de personas con menos recursos y eso nos obliga a decir que no a algunas familias, es muy muy duro. Hay que tener muy en cuenta que el 50% de los recursos que tenemos, tanto económicos como alimenticios, son propios»» argumentan Lobo y Mier.

Un trabajo duro pero que tiene la cara más amable del mundo, «cuando te llaman o vienen a contarte que gracias a la labor que hemos realizado ahora tienen trabajo, a pesar de la situación que vivimos, y ya no tienen que venir más y te lo agradecen de todo corazón, eso, no tiene precio».

Todos podemos aportar nuestro granito de arena para que más de 1000 personas tengan lo que necesitan y que este número se puedan sumar muchas más familias. Misión Urbana tiene un número de cuenta para los que prefieran hacer donaciones económicas y además recoge ropa, alimentos, juguetes y todo aquello que esté en buen estado y la gente no quiera porque como dice Enrique Mier «con muy poco podemos ayudar a muchas muchas personas que lo necesitan de verdad». «tiene que quedar claro que con muy poco podemos ayudar a muchas muchas familias que lo están pasando muy mal».