El teatro las unió y, tras trece años, aún no se han separado. Siete mujeres que se conocieron en un taller de teatro que organizaba en el año 1999 el distrito unificado de Triana-Los Remedios, y que les sirvió para arriesgar y emprender solas una nueva aventura a partir del año 2000 constituyendo oficialmente la Asociación de Mujeres «Celosía». Desde entonces, funcionan como una auténtica compañía de teatro y recorren pueblos, universidades, colegios, entre otros, para representar sus funciones. «Parecemos los cómicos antiguos ambulantes», afirma Tani Roldán entre risas. Subirse al escenario es su pasión y por ello se reúnen dos veces en semana en el Centro Cívico El Tejar del Mellizo, en Los Remedios, con el objetivo de ensayar y preparar sus obras.

Han acercado la cultura del teatro a hospitales, la cárcel o localidades en las que la realidad ha superado a la ficción dando lugar a infinidad de anécdotas. «Llegamos a un pueblo y al acercarnos a un parque dije: «Mirad, una mesa de ping-pong». Y resultaba ser nuestro escenario. Era muy pequeña e inestable, un peligro, y pedimos representar la obra en el teatro del pueblo, así que allí montamos la escenografía. Y el público se llevó sus sillas para el teatro», recuerda Paqui Medina. O en otra ocasión, que no les anunciaron con carteles previamente la representación y se encontraron con tan sólo dos espectadores entre el público. Pero de todas las situaciones han salido airosas y sus representaciones teatrales les han valido para ganar más de un premio.

Pilar es la presidenta de «Celosía» y la integrante más joven del grupo. «Lo más difícil es interpretar con naturalidad. Hay personajes que los captas enseguida, y otros necesitan más dedicación», apunta ya caracterizada para preparar la obra adaptada que representarán este año: «Tardes de ensayo». Y así transcurren muchas de sus tardes, ensayando. Algunas desde la temprana edad de dos años ya se hicieron con las tablas recitando «como soy tan chiquitita y tengo tan buena voz, solo alcanzo a decir viva la madre de Dios», como es el caso de Ángeles. Todas tienen experiencia en este tipo espectáculo.

Pero Carmen, María José, Mapi, Tani, Paqui, Ángeles y Pilar reconocen que para llevar a cabo la interpretación necesitan un conductor. Así, cada semana, desde hace más de diez años, se ponen a las órdenes del actor Andrés Blanco, quien también imparte clases de teatro en los talleres del distrito Triana. «Lo más difícil es creer en el teatro. Yo exijo lo máximo. Mientras que en los talleres los niveles son dispares, aquí nada más que veo teatro, esto es profesional», sostiene. El director afirma que en Sevilla hay más oferta que demanda, y una necesidad de espacios para ensayar e interpretar.

«Nosotras nos financiamos, y si nos pagan en alguna actuación, ese dinero lo empleamos para los gastos. Para nosotras actuar es una gratificación», expone Tani, quien lamenta la falta de subvenciones o ayudas para estas iniciativas culturales. «Para ser profesionales sólo nos falta cobrar», concluye. Todas las mujeres que conforman «Celosía» coinciden en la falta de lugares «apropiados» para los ensayos. Anteriormente, han ensayado en Las Columnas, Parroquias, o sedes de entidades que han cedido sus instalaciones. «Aquí no tenemos escenario como en un teatro». Aún así, «Celosía» seguirá abriendo el telón para no desistir en su empeño de seguir viviendo por y para el teatro.