Chicago, Memphis, Nueva Orleans… y, desde ayer, Sevilla. El primer Festival Internacional de Blues de la Ciudad de Sevilla hizo que, por unos momentos, el Guadalquivir sonara a Misisipi, cuna de este género musical. Salvando las diferencias, el ambiente que se vivió este sábado en el parque de Los Príncipes distaba de los lúgubres garitos ribereños; familias completas con mascotas e hijos se dejaron seducir por la propuesta musical para sobrellevar la última y calurosa noche de verano.

Festival de Blues SevillaLos solos de guitarra se escuchaban desde las calles adyacentes al parque de Los Príncipes. Los 31 grados que marcaban los termómetros de Virgen de Luján pasadas las diez de la noche invitaban a adentrarse en las zonas verdes de este jardín sevillano. Allí, los asistentes -12.000 según la organización- se dividían entre el graderío y el césped. Dos formas diferentes de vivir el primer Festival Internacional de Blues, organizado por la Casa del Blues y la delegación de Participación Ciudadana y Coordinación de Distritos.

Desde las seis y media de la tarde, los amantes del blues disfrutaron de la guitarra del sevillano Lolo Ortega, parte de la Caledonia Blues Band, una banda sevillana que data de 1986 y que llegó a tocar en el Club Legends de Chicago. Más tarde le llegó el turno a  Otis Grand, reconocido músico que durante siete años consecutivos ha sido nombrado mejor guitarrista de blues de Inglaterra, que actuaba acompañado de la banda sevillana Mingo and The Blues Intruders. El cartel lo completaron los profesores del taller que imparte la Casa del Blues en Sevilla y Tonky Blues Band.

Lleno, pero sin apreturas. Las inmediaciones del escenario ofrecía espacios para moverse libremente. Por allí deambulaban familias y aficionados. Algunos más entregados que otros. Los juegos infantiles del entorno del parque mantenía llenas sus atracciones y, un poco más lejos, los perros y sus dueños también escuchaban las actuaciones desde el pipicán, que registraba una buena entrada.

Ya bien entrada la noche, sobrepasada la una de la mañana, el sonido de las guitarras cesó. Misisipi y Guadalquivir quedaban hermanados gracias a la música blues. Un género que dejó de ser triste para ofrecer su nota más familiar en el parque de Los Príncipes.