Es el indiscutible «decano» de los arquitectos sevillanos, aunque sea su hijo Ángel el que ostenta el cargo en el colegio oficial de Sevilla. El arquitecto Luis Díaz del Río Martínez ha cumplido noventa años y sus familiares y allegados más directos se han reunido para celebrar la ocasión como requería. No han querido pasar por alto celebración tan redonda y se reunieron con el homenajeado en un restaurante de la calle Betis para festejar el noagésimo cumpleaños de quien, por edad, es el arquitecto en activo de más edad de Sevilla. Todavía tiene fuerzas para pasarse algunos días por el estudio y supervisar o aconsejar aquello para lo que su dilatada experiencia tiene conocimiento de sobra.

Luis Díaz del Río tuvo como profesores en Madrid a algunos de los nombres más señeros de la arquitectura española: Torres Balbás, Sáenz de Oíza, Huidobro, López Otero... Colaboró, ya con la titulación bajo el brazo, con Alejandro de la Sota y Ricardo Abaurre, con quienes abrazó las nuevas corrientes del movimiento moderno que buscaban superar la arquitectura de marcada inspiración neoherreriana identificada como estilo nacional en los primeros años de reconstrucción tras la Guerra Civil.

Doctor desde 1967 en que se aprobó el título, ha ejercido su magisterio académico en la Escuela de Arquitectura de Sevilla entre los años 1965 y 1988 como profesor de la enseñanza de Proyecto de Fin de Carrera y de otras cátedras como Construcción III, Proyectos IV y Procedimientos de Expresión Gráfica.

Como proyectista, llevan su firma edificios de la ciudad tan reconocibles por el gran público como los clubes sociales y deportivos de Pineda y el Labradores, el edificio de Galerías Preciados, las administraciones de Hacienda de Sevilla y Huelva y otras muchas obras de carácter oficial desde su puesto de arquitecto jefe en la Delegación de Hacienda en Sevilla. Entre las obras de restauración más destacadas en su labor profesional, destaca la de la Plaza de España y la de la Casa de los Artistas. También ha destacado en la tarea de rehabilitar y restaurar nuemerosas casas solariegas y palacios distribuidos por la geografía andaluza como el colegio residencia para los hermanos de la Cruz Blanca en Olivares o el palacio de los Segundos de Cárdenas en Andújar.