Hubo quien le denominó «el Martínez Montañés de la plata». Cayetano González está considerado por muchos historiadores del arte como el mejor orfebre de todos los que han trabajado para las hermandades sevillanas. Sin embargo, a pesar de que esta faceta  es la más célebre, debe ser reconocido como un artista que trabajó también como imaginero o arquitecto. Quienes le conocieron afirman que su debilidad era la poesía, de hecho regaló a cada uno de sus hijos un libro dedicado y dibujado por él y dedicó otro a las cofradías de Sevilla. Sobrino del prestigioso arquitecto Aníbal González –con quien trabajó durante años en sus proyectos urbanísticos y monumentales-  se inspiró en el Regionalismo imperante en la época de la Exposición Iberoamericana de 1929 para ejecutar sus trabajos.

Cayetano González no sólo destacó en su obra cofrade o eclesiástica, sino que la ciudad le servía también de inspiración y realizó numerosos proyectos de índole urbanística. Unos, como la cerámica de la Plaza de España o la fachada externa del edificio de Telefónica de la Plaza Nueva, los pudo llevar a efecto. Otros, sin embargo, no vieron la luz. Se trata de tres proyectos muy ambiciosos y que, alguno de ellos, podría gozar de actualidad si se tuviera en cuenta. En caso de haber sido realizados, hubieran cambiado radicalmente la estética de los lugares donde se hubieran aplicado.

El primero de ellos consiste en el diseño de un doble proyecto para un monumento a Juan Sebastián Elcano, como conmemoración a su primera vuelta al mundo, y que se hubiera realizado en la Plaza de Cuba. Ambos proyectos fueron recogidos en un libro llamado Monumento a Elcano. Memoria, de 1964, donde se pueden apreciar como acuarelas estos bocetos.

Según la profesora María Victoria García Olloqui, «ambos proyectos fueron presentados a un concurso para erigir este monumento, pero sólo uno de ellos tuvo posibilidades de realizarse: el que tenía una forma parecida a la columna de Trajano». En caso de haberse llevado a cabo, la construcción de esta obra hubiera sido gracias a la colaboración de Aurelio Gómez Millán, como arquitecto, y de Cayetano González como escultor. La profesora añade que se hubiera propuesto al Ayuntamiento la constitución de una sociedad que llevase a cabo la obra, que «explotaría el monumento mediante el cobro de boletos de visita al Museo que se instalaría en su base, y de subida a la plataforma alta, desde donde se vería una bonita vista de Sevilla»; todo para amortizar el gasto de la obra.

En la columna del monumento se hubiera desarrollado la epopeya, «desde la salida de Sevilla de las cinco naos, hasta la vuelta al puerto sevillano de la Santa María de la Victoria, única nave que regresó». La columna hubiera estado encima de un museo sobre la gesta y hubiera medido 29 metros de altura. Las figuras que se situarían en la base serían de tamaño natural.  Por último, encima de la columna, se situaría una potente luz, «de manera que pareciese el faro de Sevilla». La altura total del monumento hubiera sido de unos 50 metros.

Reforma de la calle San Fernando y de la Feria
En la revista «Blanco y Negro» de diciembre de 1968, se publicó un proyecto diseñado por Cayetano González que consistía en el «derribo de una estrecha hilera de casas de la calle San Fernando, para que quedaran al descubierto los jardines sevillanos del Alcázar». Según aparece en la revista, las obras hubieran comenzado en 1969.

No ha sido la primera vez que se ha intentado reformar la calle San Fernando, ya que continuamente se han presentado algunas reformas como la de 1904 de Alejandro Guichot o la de los años 20. En la época de Sánchez Monteseirín, el Ayuntamiento de Sevilla intentó expropiar algunos inmuebles de la zona para derribarlos y poder, de este modo, dar acceso a los jardines del Alcázar, con la consiguiente oposición de los vecinos.

Por último, fruto probablemente de su inspiración instantánea, elaboró un proyecto de Feria que no fue solicitado por nadie, aunque podría haber sido viable.

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