Pasear por Virgen del Valle en Los Remedios puede sorprender al viandante. En el número 8 un escaparate llama la atención. Como si de una obra de teatro o exposición se tratase, unas 10 mujeres rodean una mesa de camilla y a golpe de agujas, hacen punto. El punto 8 se ha convertido en lugar de encuentro cada día de varios grupos de mujeres que acuden a realizar unas labores «de escaparate». La propietaria de este comercio, Macarena Valdenebro, es la artífice de estos «improvisados» talleres. Hace cuatro años que instaló aquí un negocio dedicado a las labores tras 40 años como interiorista. Todo tipo de lanas, agujas, algodones, ya sea para hacer punto, ganchillo, croché, están a la venta en este singular establecimiento que ofrece artículos para tejer.

En un rincón «privilegiado», justo en el escaparate, todo se ha habilitado para tal efecto y las alumnas están como en su propia casa. Una mesa de camilla, un mueble con tazas de té, todo decorado como si fuese una auténtica sala de estar de cualquier hogar. «Aquí nos lo pasamos de vicio. Vienen mujeres que recuperan la alegría con estos momentos, es una vía de escape», apunta Macarena. Además, no dan «puntada sin hilo». Tienen su propio servicio de cafetería gracias a Café del Valle, justo al lado, y que cada día les trae hasta la propia mesa el café de la tarde. Algunas tienen un nivel más avanzado que otras pero todas aprenden y dan rienda suelta a su creatividad. Tejen desde bufandas hasta patucos, jerseys, batas, toquillas, etc. «Cada año cuando finaliza el curso hacemos una cena de despedida», explica Macarena al tiempo que muestra una banda que ellas mismas realizan cuando termina la temporada y que reza: «Qué puntito más bueno tienes».

Mercedes acude a estas clases desde hace tres años. «Cada día es diferente. Haces amistades, te ríes, es muy ameno», asegura mientras continúa haciendo punto. Carmen es la más veterana. «Aquí han venido personas que no sabían coger las agujas», sostiene. Su pasión por estas labores les lleva incluso a continuarlas en casa «a ratitos». «Se saca tiempo. Normalmente tienes más de una labor empezada, y así vas resolviendo dudas», afirman. Tanta es la ilusión que incluso algunos días «nos tienen que echar de aquí», comentan entre risas. «Cada una cuenta su vida, sus cosas, y lo pasamos estupendamente», sostiene Pilar. Y es que, además, «Macarena es un torbellino y nos envuelve a todas», dicen sonrientes. Sin duda, porque ha revolucionado su comercio mediante estas labores «de escaparate».