Los caseteros ultiman los preparativos en el Real de la Feria. Tablas, toldos, cortinas, pinturas, herramientas, y muchos trabajadores se apresuran para que todo esté listo el próximo lunes 15 de abril. Pero antes de que llegue la noche del «pescaíto», son muchas las personas que viven la preferia y no precisamente disfrutando de una copa de manzanilla. Es el caso de Ángel, quien desde el pasado fin de semana, ayuda en el montaje de su caseta. «Empezamos poniendo las barandillas en el exterior, el suelo de tablas, los arcos, y por último los adornos. Los primeros días traemos sólo lo que vamos a montar porque aún no tenemos vigilante por la noche», explica. Y aunque los días fuertes del montaje ya han pasado, aún queda rematar hasta el último detalle en las casetas. «Las flores las encargamos a una asociación de niños discapacitados, y así les sirve de donativo para el centro», apunta este socio.

También Alfonso vive estos días de forma intensa. Con más de 30 años de montaje de casetas a sus espaldas, asegura que «el primer día es el más duro. Viene el camión cargado de tablas, chapas, hierro, etc. Y toda esta semana se vive trabajando, aguantando el tirón, no se vive como la Feria. Hay mucho trabajo, mucha agua, mucho calor, mucho polvo, pero se va haciendo todo», sostiene. Toda una semana para poner en pie y dejar en perfecto estado las casetas que albergarán a miles de visitantes durante la próxima semana. «Lo que hacemos en una semana se desmonta en un día», apunta Alfonso.

Y a pesar de que las calles del Real permanecen repletas de coches y furgonetas para descargar los materiales, la gran mayoría de las casetas están aparentemente cerradas a cal y canto. Las inspecciones de Hacienda para solicitar los contratos a los trabajadores y las facturas para evitar la economía sumergida han causado un gran revuelo y desconfianza entre quienes merodean estos días por el Real. Nadie confía en nadie e incluso los periodistas que se acercan a preguntar sobre los preparativos estos días son sospechosos de ser posibles inspectores con otras intenciones. Quizás por ello, el recinto parece desértico, algo inusitado otros años. «El ambiente está muy vacío, antes ibas al bar a mediodía a comer y no se cabía, pero ahora está todo muy vacío», apunta Loli, socia de una caseta. Aún así, en apenas cuatro días el Real de la Feria volverá a lucir un año más en todo su esplendor.