Continúa siendo uno de los grandes puentes de la ciudad de Sevilla. Como bien explican los que a su paso lo observan, a nadie deja indiferente su disposición y proporciones. Se trata del Alamillo, el puente que une las dos orillas del Guadalquivir a la altura de la Glorieta Olímpica. Un gigante de enormes dimensiones cuya inpertérrita presencia han contemplado los vecinos de la Macarena. Desde hace 22 años.

De esta obra de ingeniería, de puente atirantado de tablero inferior, destaca su carácter emblemático, pues forma parte de la infraestructura realizada en la ciudad con motivo de la celebración de la Exposición Universal de 1992. Durante todos estos años, para muchos ciudadanos que han visitado la ciudad, este puente posee un atractivo especial que perdura en el tiempo.

En su estructura, dispone de una luz de 200 metros y una altura de 142. Se corresponde parcialmente con el puente originalmente proyectado. Se construyó con un solo mástil, con un tablero de hormigón armado que resolvía únicamente el libramiento del cauce del río.

Fabricado con una camisa de placas de acero y reforzado en su interior por hormigón armado, el mástil alcanza una altura de 142 metros, sobre el nivel del piso terminado, con una inclinación de 58º con respecto a la horizontal que le permite recibir los esfuerzos del atirantado del que cuelga el tablero. Consta de un único pilar que actúa de contrapeso para los 200 metros del puente gracias a trece largos cables. Su diseño aúna una voluntad de singularización, a nivel formal, con las condiciones estructurales y constructivas.

Fue diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava y terminado en 1992, para permitir el acceso a la isla de La Cartuja. Un diseño similar es el del puente Sundial Bridge que fue el principal puente de Calatrava para los Estados Unidos.

Para su construcción se empleó una de las mayores grúas de tierra del mundo, capaz de elevar 200 metros a 150 metros de altura. El puente no tiene tirantes de retenida, solo a un lado de la torre, constituyendo el primer puente atirantado que no posee esta banda. De esta manera, no se recogen las fuerzas que reciben los tirantes de un lado de la torre con otros tirantes que estuvieran al otro lado. El alto del puente sirve como mirador, es conocido como «el ojo de la cabeza de caballo», pero no se encuentra abierto al público.

El puente del Alamillo: protagonista junto a los sevillanos

Muchas personas han escrito sobre esta monumental obra y han dejado sus impresiones, Carlos señala, «qué puedo decir de mi puente…lo considero mío porque la mirada de su «ojo derecho» me ha acompañado unos 20 años, desde que lo construyeron hasta que me fui de casa, durante todo este tiempo, he vivido al reflejo de sus luces intermitentes en la pared de mi habitación, lo he recorrido incontables veces en dirección al parque, con el coche saliendo o volviendo a Sevilla».

Detalle del puente del Alamillo, que cumple 22 años

Detalle del puente del Alamillo, que cumple 22 años

Sergio: «por las aguas que pasan bajo la luz de 200 metros, separan sus puntos de apoyo cuando remaba, hace ya muchos años. Lo he recorrido, andando o corriendo. Lo vi cuando lo estaban construyendo, paso a paso, desde el patio del colegio Pedro Garfias, donde crecí, incluso desde el cielo, llegando a la ciudad en avión y pasando a escasos metros por encima de la cabeza de caballo».

Esperanza: «recuerdo perfectamente la primera vez que me aventuré a atravesarlo, con apenas 7 u 8 años, mirando hacia arriba y viendo cómo los tirantes del puente se elevaban sobre mi cabeza, parecían subir al cielo como un ciempiés boca arriba».

Jaime: «desde bien pequeño le tengo cariño a este puente. Desde casa, y eso que está lejos, se veía y se ve sin problemas, me hacía ilusión cruzarlo en el coche al salir de la ciudad o ir al parque».

Ignacio: «hay muchas ciudades que tienen unas entradas un poco feas, Sevilla es bonita por todos los lugares por donde quieras acceder. Sin duda, una de las más espectaculares, es la que ofrece el puente del Alamillo, siempre que vengo de mi pueblo desde muchos kilómetros antes veo este gran puente que marca la situación de la ciudad».

Ismael: «se ha convertido en uno de los símbolos y actualmente es conocido en toda España por su espectacularidad. Lo habré cruzado miles de veces, andando, en bicicleta o en coche, sobre todo para ir al Parque del Alamillo. Pero jamás olvidaré el primer día que lo atravesé para ir a la Expo ’92, siendo todavía un niño, muchas veces, ya de madrugada de vuelta a casa cuando cerraban…».