Jesús Vega el mayor de esta saga de artistas comienza con 18 años a pisar las tablas profesionalmente, su nombre artístico «el Jara», se lo pusieron su abuelo y su hermano, su significado en calé «una onza de oro». A sus 27 años, el flamenco significa para él, una forma de expresión, de sentir, una manera de desfogar y expresar lo que lleva dentro, «hay veces que cuando estas bailando y afligido la pena es mayor, el flamenco hace que todos tus sentimientos salgan a flor de piel, dependiendo del momento en el que me encuentro es lo que proyecto en el escenario, el baile significa mi vida, he nacido con ello y espero seguir con el baile toda mi vida, me siento afortunado por el hecho de subir a un escenario junto a los míos Miguel Ángel el pequeño de la familia es su media naranja en el escenario con la compañía “Los Jara”».

Su estilo
El palo en el que mejor se mueve es la soleá, se define como un bailaor de corte clásico, con estilo propio, heredado de su abuelo y su madre, «la innovación para mi puede venir de la mano de una forma de vestir diferente pero en el baile me decanto por lo que he visto y he aprendido». Goza de una valentía propia de la juventud y las ganas de prosperar en este mundo lo demuestra traspasando fronteras, ha actuado en París, Suiza, Ginebra, «fuera de nuestro país valoran mucho el baile y el cante flamenco, revelando que es un arte que entra por las venas, ya seas entendido en la materia o no, me gusta salir y conocer otras culturas así como mostrar al mundo esta magia que te envuelve, seas de donde seas. Al principio el idioma cuesta pero ya estaba tan familiarizado que aprendí a pedir lo que más me gustan las napolitanas».

«Creo que en el baile siempre hay que poner sentimiento y mucho ensayo, más allá de la técnica, el sentimiento es algo innato en el artista y es lo que lo hace diferente y único, esto se da en cualquier expresión artística», dice.

Ha tenido la oportunidad de trabajar con grandes bailaoras, Aurora Vargas, Calixto Sánchez, Esperanza Fernández, Las Carlotas, Ketama, La Oreja de Van Gogh. En la compañía que ha formado con su hermano, actúa su madre, con el nombre artístico de La India, «para mí es un lujo poder contar con mi madre en las actuaciones. Soy muy crítico conmigo, de él dicen que es la elegancia y pureza personalizada».

Proyectos realizados y futuro
En este año ya ha realizado varios espectáculos, «Saga y Pureza», «A compás», «Dinastía», «A tres tiempos», «gracias a Dios tenemos trabajo, todo queda en familia, los que nos acompañan en el escenario suelen ser gente cercana, se trabaja mejor rodeado de personas que te conocen, sobre todo con el fin de sentirte arropado, ellos conocen lo que haces y son un gran apoyo, te hacen sentir a gusto ahí arriba», indica.

En el futuro quiere seguir con esta línea, «luchando y mirando hacia adelante, no rendirme, todo lo que sea trabajo lo cojo, en los talleres este año estoy contento, estamos haciendo una cosa muy bonita, entran sin saber nada y ahora están al mismo nivel, están aprendiendo muy rápido, esto es una vocación que me permite ganarme la vida».

Siente admiración por su abuelo Vicente Pastor, su madre «La India», Farruco, Carmen Amaya, Juan de Juan, su tío Juan Ramírez, al que describe como «los pies más limpios» que ha escuchado. «Mis objetivos son seguir trabajando y hacerme un nombre en este mundo, también tienen un grupo de música “Chachipen” en el que canto en bodas y celebraciones». Destaca de su hermano Miguel Ángel, que a sus 24 años es la pureza personalizada, es puro sentimiento, «no se puede ser más flamenco, tenemos dos maneras totalmente diferentes de bailar, se complementan a la perfección en el escenario», concluye.