El pasado sábado 22 de noviembre tuvo lugar, en el salón del bar Francisco Romero, la entrega del XXIV Nazareno de Albores, que en esta ocasión ha recaído en la familia Bejarano, importante apellido en el mundo del costal.Acompañaron al acto, costaleros y amigos de los homenajeados, así como los miembros de la Tertulia Cofrade.

Tras disfrutar de una magnífica cena, el secretario de la Tertulia, procedió a hacer una breve reseña histórica de los Nazarenos entregados hasta el momento. Al presidente le correspondió hacer mención a la historia de la familia Bejarano, desde los inicios con Eduardo Bejarano Vélez, hasta la actualidad, recordando a Iván Bejarano del Corral. La continuidad de la saga, queda en manos de Eduardo Bejarano del Corral.

Al término de estas últimas palabras, se le hizo entrega a Eduardo Bejarano Uceda, de la estatuilla que representa a esta Tertulia, que compartió con su hijo. Mariano López Montes, costalero, Doctor en Medicina y Antropología Social, quiso estar presente en el acto, con objeto de compartir con los asistentes distintas vivencias que ha ido recogiendo, en sus investigaciones antropológicas, de los costaleros que estuvieron a las órdenes de la saga.

Narró el interés que tenían los capataces antiguos, haciendo referencia particular a Manolo Bejarano Rubio, en que las familias de sus hombres pudieran disfrutar de estrenos en el Domingo de Ramos o también de poder hacer los hijos de estos la comunión con un traje adecuado para la ocasión. Manolo Bejarano, también fue un capataz, maestro, con el salieron varios capataces que desarrollaron lo que aprendieron con este, como ejemplo de ello, destacar a «el Moreno» o «el Quiqui».

Para recordar esa «obra social» que desarrollaba su antepasado, le hizo entrega de una foto, en blanco y negro, de la familia Alonso, estrenando el Domingo de Ramos, posando en la calle San Jacinto.

Salvador Perales, capataz y contertulio de honor de Albores, no pudo estar presente físicamente debido a circunstancias laborales. Pero lo hizo haciéndonos llegar una carta dirigida a Manuel Bejarano Rubio, a su fallecimiento, la cual leyó nuestro secretario. Así mismo nos hizo llegar una placa dirigida a Eduardo Bejarano Uceda, para que se le entregara en su nombre.