Los yacimientos arqueológicos de nuestra ciudad aportan nuevos datos sobre nuestro pasado más remoto y descubren la Sevilla arqueológica. Así la necrópolis tardoantigua de la carretera de Carmona constituye uno de los conjuntos funerarios romanos de mayor extensión, además de ser de gran interés para el conocimiento de las costumbres de la Hispania Prerromana y Romana.

En la época romana la importancia que se da a los difuntos es casi tan primordial como la consideración a los vivos, estas construcciones solían ubicarse extramuros de la ciudad. El solar fue abandonado en tiempo de los musulmanes hasta que Fernando III lo cede a los trinitarios calzados, desde entonces son muchos los usos que ha tenido, desde huertas a cementerio nuevamente en el siglo XVIII pasando por un concesionario de coches.

Actualmente, los restos se dejan ver en el interior de un bloque de viviendas, la construcción de las mismas fue la motivación principal y a partir de las cual se descubrieron estos vestigios ocultados por el paso del tiempo.

Este recinto funerario de incineración fue utilizado durante los siglos I y II. Se trata del extremo nororiental de un extenso cementerio cuyos orígenes se remontan al siglo I d.C. y que se extiende por la zona norte de la ciudad en torno a la Vía de salida a Córdoba o Vía Augusta.

Los enterramientos tardoantiguos de la Necrópolis corresponden a dos categorías básicas: monumentos funerarios y fosas. Las fosas más antiguas datan de los siglos III-IV d.C., son simples o de paredes reforzadas por muretes de ladrillo o de fragmentos de ladrillos. A partir del siglo V y hasta el VI d.C. las fosas presentan enterramientos infantiles en ánforas o, más frecuentemente, se hallan cubiertas por una estructura de ‘signinum’ de forma trapezoidal y ligeramente elevada.

El sector excavado de la carretera de Carmona se ubica sobre el nivel del mar, a salvo de inundaciones que hace tiempo afectaban periódicamente a la vega del río. El cementerio presenta evidencias de cristianización del rito funerario a partir del siglo IV, permaneciendo en uso como camposanto cristiano hasta el siglo VII d.C. al menos y luego, de nuevo a partir de la Baja Edad Media y hasta el siglo XVII.

En cuanto a los edificios funerarios, estos presentan una tipología compleja que incluye mausoleos simples de planta cuadrangular y otros de plantas complicadas: basilical, en herradura que destacan por su monumentalidad. El tipo de enterramiento más generalizado es el mausoleo colectivo de tipo familiar, formado por una cámara subterránea a la que se accede por un pozo con escaleras. Entre las tumbas del conjunto destacan por su espectacularidad las denominadas de Servilia y del Elefante.

Según explica la publicación de la Universidad de Sevilla, el Ayuntamiento de ciudad y el ICAS ‘Sevilla Arqueológica‘ y bajo la supervisión de Enrique García Vargas cuenta la tradición que se remonta a la Baja Edad Media y se sitúa en esta zona, «extramuros de la ciudad, la Iglesia de las Santas Justa y Rufina, mártires y patronas de la ciudad, que habrían encontrado durante la persecución de tiempos de Diocleciano, hacia 284 d.C.»

«Una cripta cercana a la necrópolis, si no es realmente parte de ella, recibe el nombre de ‘Sagradas Cárceles’ y fue, según la tradición, el lugar de prisión de las hermanas mártires. Por esta razón, se considera que este cementerio de la carretera de Carmona se asocia de algún modo a una iglesia marticial dedicada a sepultura de mártires, lo que justificaría la especial concentración de sepulturas cristianas en lo que no es más que el extremo septentrional de un cementerio más extenso».