Leer y escribir es su bálsamo, la pasión que les lleva cada semana a reunirse en la caferetería del Hotel Macarena. Cada martes por la tarde, con puntualidad británica, acuden a su cita. Sus textos, sus poemas, las palabras que plasman en sus escritos, cobran vida a través de la lectura en compañía. Nieves, Miguel, Isabel y Pepe se conocieron en un taller de literatura al que asisten cada curso escolar pero en los meses estivales, cuando no hay clases, su punto de encuentro lo trasladan a este emplazamiento para dar rienda suelta a aquello que les unió: la escritura.

Son todos los que están, pero no están todos los que son, porque durante las vacaciones de verano cada componente del grupo asiste «cuando puede». Algunos se toman un respiro lejos del asfalto, y otros, como en este caso, mantienen el aliento para continuar con su particular tradición. «Todo comenzó en un taller de literatura hace ya 23 años, de poesía y prosa, que creó la Fundación El Monte -ahora Cajasol- para los mayores de 60 años. Publicábamos dos revistas al año. Pero desapareció tras los cambios en la Fundación y desde entonces lo gestiona una empresa privada. Así, desde el año 2003, todos los veranos desde junio a octubre, cuando no hay clases, nos reunimos una vez en semana para continuar escribiendo y leyendo», explica Nieves, la más veterana. «Leemos por turnos, en el sentido de las agujas del reloj. Proponemos un tema libre o concreto y cada uno trae su artículo», añade.

Su legado queda manifiesto en la prolija taller-literatura-macarenaproducción de textos y encuadernaciones que tienen en su haber. En el taller se aprende pero «hay que traer una base. Tenemos profesores ilustres, han pasado por las clases escritores, periodistas, profesionales que nos han explicado cómo hacer novelas, un artículo periodístico, etc.», apunta Pepe. Los alumnos forman un grupo «heterogéneo», jubilados que en este aula de literatura encuentran una buena manera de «llenar la vida». Proceden, además de la capital sevillana, de otros puntos del país como Aragón o Extremadura. «Cuando estás en activo no puedes dedicarte a ello porque no tienes tiempo entre el trabajo y la familia», sostienen. Sus profesiones también han sido muy variadas, alejadas de este mundo literario en el que ahora se adentran a diario.

«Cuando nos llega la inspiración escribimos sobre lo que se nos ocurre. Hay ideas que pasan en un momento dado en el que no estás en casa. Hoy el tema es «Sonrisas», y yo he escrito mi artículo sobre la sonrisa de una de mis nietas, que es muy característica», declara Isabel. Por ello, el bolígrafo siempre a mano y «si de pronto se te ocurre algo, lo escribes en una servilleta».

Una gran familia

Miguel ha sido la incorporación más reciente al grupo. Hace tan sólo 10 meses que se unió a ellos pero su ímpetu y ganas por escribir es patente. Ha llegado incluso a salir en fin de año con su nieto «al botellón» para escribir sobre ello. «Hacemos trabajos y nos divertimos. Nos conocemos a través de lo que escribimos», apunta.

«A través de la amistad hemos creado una familia, si tenemos un problema lo ponemos en común», dice Nieves. Y es que, según afirma Isabel, «escribimos y tenemos la necesidad de compartirlo, te da una felicidad… Sacas hacia fuera cosas que ni tú mismo creías posible, lo más profundo, lo más bello».

Pepe define la lectura y escritura como «un vicio solitario, que requiere tranquilidad, es algo creativo». Para Nieves, es una forma de «mantener la mente lúcida». Isabel aclara que es «un soporte psicológico» y aunque haya días en los que las palabras no fluyen, Miguel asegura que «cuando se quiere, se puede». Entre todos han formado una gran familia de literatos. En breve, volverán a las clases. Y con el deseo de seguir aprendiendo en esta tercera juventud.