A medida que avanza la edad, vamos perdiendo plasticidad cerebral. Es un proceso inevitable, pero es posible frenarlo ejercitando el cerebro, y una forma divertida y gratificante de hacerlo es aprender un idioma nuevo. Este ejercicio aumenta la materia gris, pues según estudios realizados, «los alumnos acaban hablando con fluidez un idioma sobre el que no tenían ningún conocimiento y ciertas partes cerebrales aumentan de tamaño, como ocurre con el hipocampo, relacionado con el aprendizaje y la orientación espacial».

Otras ventajas

Hay estudios que demuestran que aquellas personas con Alzheimer que hablaban más de un idioma, habían desarrollado la enfermedad 4 o 5 años más tarde de lo habitual. También confirman que los niños que han desarrollado la habilidad de hablar un segundo idioma, al menos, tienen más capacidad para mantenerse concentrados y focalizar la atención.

Además constatan que la habilidad de manejar situaciones multitarea está también recompensada por los beneficios de haber ejercitado su cerebro hasta alcanzar un grado alto de bilingüismo. Este es el caso de los alumnos del taller de inglés nivel II que imparte Ana Rosa Márquez en el centro cívico San Fernando.

La positiva experiencia de los alumnos

María Dolores Ponce de León y Mercedes Jiménez Ramos, son dos alumnas del taller de inglés nivel II. Además de haber hecho buena amistad gracias a este taller, han continuado ampliando los conocimientos en un idioma que consideran fundamental y que llevan a la práctica. Ambas alumnas tienen vidas muy diferentes, pero las unen un interés común, aprender inglés y utilizarlo en muchos momentos de su vida. La experiencia y haber estado relacionadas con personas de otros países les ha llevado a perfeccionar este idioma tan necesario en la actualidad.

María Dolores, empezó a notar sus carencias en el idioma cuando comenzó a viajar, «me di cuenta de que mucha gente sabía inglés y yo no. Por el trabajo, mi marido se ha ido a Pekín, y desde que estoy en las clases, al visitar el mercado de este país me he podido comunicar, para mí ha sido muy importante ya que no te ves perdida, ahora consigo desenvolverme en los viajes que voy haciendo, esto es importantísimo”.

Esta alumna, además tiene una sobrina que es americana. «Es muy triste tener a tu sobrina de 5 años y no poderte comunicar con ella», explica. Esta fue otra de las motivaciones que le animó a profundizar en el idioma y en este caso a continuar con su aprendizaje, de hecho, está «deseando que lleguen los martes y jueves porque el taller me da vida. Si algún día no puedo venir, echo de menos ese rato».

Cuando ella estudiaba, se impartía más francés que inglés. Ahora, en cambio, sus dos hijas cursan ciclos universitarios de Turismo y Enfermería y han tenido que estudiar el B1 de inglés para obtener el título. En cuanto a contenidos, gramática…«no tiene nada que envidiar a la formación que tenemos en este taller, el nivel II de inglés que se practica en este taller es muy completo. Hasta que no lo pones en práctica, no te das cuenta de todo lo que sabes», afirma María Dolores.

Para ella ha sido todo un logro llegar al nivel II, «me siento muy orgullosa de mi misma, sobre todo cuando tienes otras dedicaciones en el día a día. Yo tengo 3 nietos, y algunos hijos en casa. Es un orgullo poder estudiar, y enseñarle a mi nieta de 5 años algunas cosas. Hay dibujos animados que están en inglés, como Dora la Exploradora o Pocoyo. Yo le ayudo y le explico lo que dicen los protagonistas», explica feliz.

Mi hijo ha tenido amigos americanos aquí estudiando, «les he enseñado recetas de cocina española, ellos aprendían español y yo mejoraba mi inglés. Comunicarse con varias generaciones supone, a personas de mi edad, una ayuda para no estancarnos y avanzar. Cumplo 58 años, y antes me limitaba a hacer croché y estar en la mesa de camilla. Creo que todavía me queda mucho por vivir y muchas cosas que hacer, y aprender un idioma te da seguridad, te sube la autoestima».

En el caso de Mercedes Jiménez Ramos, su comienzo con el inglés ocurrió antes de trabajar, concretamente, en la base americana de Morón. «Siempre me ha gustado el inglés, desde pequeña lo he estudiado, es como un hobby, me ha aportado frescura de pensamiento, para memorizar, comprender y hablar, ¡no sé qué haría sin el inglés en estos momentos! Incluso ha cambiado mis hábitos de vida, pues me obliga a salir de casa por la tarde, algo que normalmente no me gusta». De hecho, cuando comenzó en el taller su madre acababa de morir, y al no tener ni hermanos ni hijos, ella afirma que el taller le ha hecho «salir antes del luto».

Dado que las clases se imparten completamente en inglés, Mercedes señala, “tengo fluidez al hablar incluso en el autobús, cuando ha subido un extranjero que se ha querido entender con el conductor, siempre intento echar una mano. Algunos se extrañan por ver lo bien que me desenvuelvo con la edad que tengo». Son los frutos de realizar actividades que llenan y completan la vida.