Miguel Rosa Castejón llegó en el año 1997 al Colegio de Educación Infantil y Primaria Bilingüe San José Obrero y ya va a completar más de una década al frente de la dirección de un centro peculiar, caracterizado por la diversidad cultural. Se muestra sorprendido y prudente: «no me lo esperaba, algo he aportado con mi constancia. Tengo que agradecer este premio a mi grupo de trabajo, si no tuviera el respaldo de profesores, padres, miembros de la directiva y comunidad educativa, este proyecto profesional y de vida no hubiera sido posible».

En sus comienzos, estuvo 5 años siendo profesor de Educación Física, para después llegar a la dirección del centro de modo provisional. «Al principio no me veía de director pensaba que había que tener un «don especial» para desempeñar este cargo con los años y la dedicación te das cuenta que lo que hace falta para ejercer un cargo de relevancia es la constancia en el trabajo y es lo que he hecho durante estos 11 años, trabajar y evolucionar en un terreno como es el de la educación, siempre cambiante debido a muchas reformas en el ámbito educativo». Miguel, señala que es fundamental innovar ya que «nuestra labor es motivar a nuestros alumnos y ofrecer lo mejor de nosotros». «Llegué para un puesto temporal y de momento estoy aquí y muy contento, funcionamos muy bien como equipo y hemos invertido en tiempo y esfuerzo para que el centro siga funcionando como hasta ahora».

Se considera como un vecino más de la Macarena. «Conozco casi todo el barrio, su gente, como se ha ido formando en sus últimos años, todo gracias a mi trabajo y a mi contacto con alumnos y padres», continúa. «He vivido la transición y los cambios que ha sufrido la zona, desde la llegada de gente obrera hasta la evolución hacia una población inmigrante, todos estos acontecimientos se han reflejado en el centro y son por estas experiencias por las que conozco bien el barrio de la Macarena sin olvidar a las personas, sus costumbres, intereses y necesidades. Creo que es vital conocer el entorno para desarrollar el trabajo que desempeño, me considero macareno porque conozco cómo se ha formado y fraguado todo el entorno que me rodea. Yo como director tengo poco poder pero siempre ofrezco mis instalaciones y todo lo que el colegio tiene, nos estamos convirtiendo casi en un centro cívico, ofrecemos actividades para padres y madres, para asociaciones y entidades de todo tipo».

Respecto al proyecto de convivencia que desarrollan, parte de la comunicación con los padres. «Nosotros estamos cinco horas con los alumnos pero los padres son los verdaderos protagonistas de una formación más en profundidad con sus hijos, la familia tiene que entrar en el colegio y ver que son parte viva de los centros. La Macarena para mí es un lugar donde hay mezcla de culturas, lo más importante es la buena acogida, aquí no hay problema de enfrentamientos graves, una de nuestras cualidades es la empatía con las personas que llegan de fuera, para mí es un valor que hay que aprovechar y eso define la esencia de nuestro barrio».

Ha recibido del barrio mucho afecto. Según comenta, «si estoy a gusto en el puesto de dirección es porque las familias y los niños han estado siempre a mi lado, cuando he pedido colaboración a los padres han estado ahí,  en muchas ocasiones son los que nos han abierto las manos para que podamos seguir trabajando, esta forma de ser viene de este barrio, lo digo de corazón». La experiencia a lo largo de todos estos años al frente del colegio es muy positiva. «Si miramos atrás en 2002, los cambios han sido sustanciales, en cuanto a la metodología, legislación, actividades extraescolares y mejoras estructurales con el fin de que el colegio sea visible, todos nos hemos adaptado a cada variación, los frutos de ese trabajo los estamos recogiendo ahora». El colegio ha creado su propia identidad y con una buena proyección de futuro para los niños que estudian aquí, en definitiva, «ellos son la clave en nuestro trabajo».

«De pequeño decían que era hiperactivo y ahora me dicen que soy muy tranquilo, he demostrado que esa hiperactividad e inquietud se demuestra a través de proyectos, de ideas, y en esto estoy ahora, las cosas cuando se paran no funcionan». Miguel, concluye, «nosotros aprendimos a soñar e imaginar con las páginas de un libro, hoy los niños fantasean con las nuevas tecnologías, aquel libro se ha sustituido por la pantalla de un ordenador, hay que buscar educar en otros términos y conseguir esa evolución a través de la enseñanza». Así, ayer en el Día de Andalucía, Miguel Rosa Castejón era distinguido con el premio Macareno del año en esta edición de 2013.