La importancia de los talleres que imparte el distrito Macarena radica en la especialización de muchas de las actividades y en la integración que supone practicar un tipo de actividad con personas interesadas en una materia concreta consiguiendo crear una convivencia intergeneracional entre los alumnos.

Cuando se habla de actividades lúdicas y de ocio, en realidad nos referimos a un abanico mucho más amplio del que se podría imaginar. El distrito Macarena lleva a cabo 171 talleres de los cuales más de veinticinco son talleres en los que se desarrollan las habilidades artísticas de manera manual.

En este sentido, hoy, el taller de marquetería es uno de los escogidos, genera gran interés entre los usuarios que lo llevan practicando durante años también supone un encuentro intergeneracional y de convivencia. Trabajar la madera es un arte que han aprendido los alumnos del taller de marquetería, sin lugar a dudas son verdaderas obras de arte las que se crean con las herramientas propias de este oficio.

Este taller es muy heterogéneo, encuentras a personas que se han dedicado a oficios de muy diversa índole, «no vienes exclusivamente al trabajo, sino que charlas con uno y con otro, el cachondeo, cada uno aporta sus conocimientos, da consejos de lo que sabe, esto te despeja mucho».

Es la historia no solo del taller de marquetería, sino de las personas que lo forman, Juan, Javier, Francisco José, Alicia, Aurora, María, Antonio, Juan Manuel, Francisco, Norberto, José, Reyes, Aurelio, Juan José… Cada uno cuenta las experiencias de su vida profesional, «he trabajado en construcciones aeronáuticas, en la Fasa Renault… en ABC durante 32 años, he sido fontanero…, procedemos de profesiones muy diferentes y hemos llegado hasta aquí…».

«He olvidado mi enfermedad gracias a la marquetería»

Juan describe que gracias a este taller ha superado una depresión debido a una enfermedad que le diagnosticaron, «cuando sabes que no vas a poder volver a trabajar y que tu mundo ya no es el de antes es muy duro seguir adelante, te hundes».

«Un amigo me dijo que me inscribiera en este taller, nunca pensé que iba a poder hacer todo lo que he hecho… Ahora pienso, bendita la hora en la que pisé este taller, yo estaba en psiquiatría y te puedo asegurar que esto es mejor que la terapia de grupo, el compañerismo y todo lo que he aprendido ha sido maravilloso, me han echado una mano desde el principio».

Juan trabajó en una empresa que se dedicaba a trabajar en una empresa contraincendios y de fontanería… Hoy en marquetería está realizando unos llaveros en madera de dos tonos con la imagen de la moto Vespa, a la originalidad se suma el poder dedicar el tiempo en una tarea laboriosa y con un resultado excelente.

Aunque las clases son solo por la mañana el aprovecha también para asistir por la tarde al espacio que se encuentra en el Centro Cívico San Fernando para seguir trabajando en las piezas de madera.

El reloj de madera, los joyeros, los pendientes para la feria, los llaveros, el plumier, el escudo de la Hermandad de la Vera Cruz… como bien dicen los alumnos estos detalles no tienen precio. La madera da infinidad de posibilidades. Compiten entre ellos, valorando cual es el mejor trabajo y cuál es el alumno más antiguo, María comenta, «yo llevo por lo menos 15 años, Juan, dice desde que empezó este taller estoy yo aquí», ríen y explican que tiene dos grupos, nosotros estamos apodados como los boinas azules y los de abajo son los boinas verde, mientras otro alumno talla los detalles de un plumier para su nieto».

Juan, explica cómo fueron los primeros pasos para la creación de un reloj completamente labrado, «un día hablando con un compañero, me dijo tengo unos planos… este hombre es muy cabezón y dijo, Juan, esto lo hacemos nosotros». El trabajo de precisión necesita un especial cuidado de la madera, las posibilidades son infinitas, «se pueden hacer multitud de cosas con este material, es caro pero compensa».

María comenta que lleva mucho tiempo en esto de la marquetería, es la que lleva más años a pesar de ser una de las pocas mujeres, está muy integrada en este grupo, muestra un joyero de estilo isabelino tallado con dos tipos de madera, «un compañero me ayudo a hacer las patas, el resto lo he hecho yo».  Algunos llevan 15 años. Muchos han descubierto el taller hace muy poco, como Juan que lleva año y medio, comenta que no esperaba «aprender tan rápido esta técnica de esculpir la madera».

La familia y amigos son los principales beneficiados con este tipo de trabajos, «están bien surtidos de todas las cosas que hacemos, es una la gran satisfacción ver a las personas cuando reciben algún detalle hecho en marquetería, te llena de alegría. Esto no tiene precio, el tiempo y la dedicación tiene la mejor recompensa a través del agradecimiento y reconocimiento de nuestro trabajo», comentan.