Empezó como una terapia y se convertió en su profesión, una forma de dar rienda suelta a su creatividad. Tras cuidar a su padre enfermo durante 8 años, y viendo que sus hijos se hacían mayores, buscó su propio camino y decidió entrar en la Escuela de Arte de Sevilla. Ya han pasado casi dos décadas y hoy día, Mª Dolores Gallego imparte el taller de cerámica en el Centro Cívico Hogar San Fernando en la Macarena. «Te enriquece y ha llenado una parte importante de mi vida. Empecé en la Escuela, me gustó, me compré un horno y hasta hoy», afirma. Éste es el quinto año como monitora del taller y cada curso pasan unos 20 alumnos. «Hay quien no ha hecho nunca cerámica y quien repite de un año para otro», sostiene.

El primer paso es la cerámica de pellizco. «Consiste en amasar el barro y darle forma. Se pueden utilizar palillos para alisar. Y se pueden usar varias técnicas como de plancha, y darle la forma que quieras, o con churros para piezas más grandes», explica Gallego. Así, paso a paso se puede ir «complicando» el proceso según la creatividad de cada uno. Para la decoración, también se empieza por lo más fácil: el engobe. «No es esmalte, sino óxido con barro. También se puede pintar con esmalte, en cuerda seca…». La monitora asegura que «si te gusta amasar el barro, lo demás es todo fácil, salen cosas de la nada. Y experimentando es como mejor te lo pasas». Mª Dolores Gallego ha realizado numerosos trabajos para el Ayuntamiento de su pueblo, Almadén de la Plata, pero, además, esta ceramista asiste también como alumna al taller de pintura y ha llevado a cabo trabajos de restauración en la Iglesia de su localidad.

Sus alumnas coinciden en que la cerámica les sirve para relajarse. Valle es una de las más veteranas y ya posee una extensa colección de objetos de barro creados por ella y que, poco a poco, ha ido regalando a amigos y familiares. «Hice un Buda grande y otros pequeñitos, lámparas, caretas, posavasos… Es una forma de personalizar los regalos», explica mientras decora una menina que servirá de soporte para el móvil. Y puesto que se consiguen curiosos y originales presentes, Raquel ya prepara los suyos para una ocasión muy especial. El próximo mes de junio se casa y en el taller de cerámica está realizando los regalos que se repartirán a los invitados en su propia boda. «Para las mujeres estoy haciendo unos colgantes, y para los hombres un abridor de cerveza con forma de camión, porque mi novio es camionero», comenta. Objetos que, además de ser originales y exclusivos, se convierten en piezas de gran valor artesanal.