José Ramón Paleteiro, sencillo y excelente profesional, tiene 48 años y más de 30 en esta profesión muy vocacional como es el bordado, en esta zona de la Macarena lleva 6 años. Los comienzos como en todo fueron difíciles, «yo entré en un taller, comencé haciendo recortes pero tenía que evolucionar y alcé vuelo, en ese transcurso conocí a Isabel Melero, 60 años como bordadora, lleva bordando desde que era niña». Isabel comenta que «del colegio pasé al taller de Carrasquilla y conocí a Ramón y pusimos el taller, al principio cogíamos cosas pequeñas, actualmente realizamos todo tipo de trabajos dentro de la técnica del bordado».

El padre de José Ramón quería que fuera electricista, «yo no servía para eso, lo mío era el bordado, para mí más que una profesión es una dedicación». Como se decía antiguamente, «la hora no sale ni a peseta, todavía nos acordamos cuando veíamos el autobús de la Algaba y decíamos el último a la una, a la semana siguiente, hace una hora que se ha ido, hace dos horas, hace tres horas y así cada día y estos son los trabajos que tenemos, aquí no hay horario, cuando te encargan un trabajo te pueden llamar en cualquier momento y en cualquier fecha».

Ha realizado restauraciones y obras de arte suntuario, como el palio de Montesión, la restauración del manto de la Amargura, el manto nuevo de los Javieres, la túnica del Cristo de la Esperanza de Triana, dos túnicas del Gran Poder, de Pasión, Macarena y Sentencia entre otros. «hacemos de todo, desde una casulla, hasta los zapatos bordados del cardenal, todo lo que sea bordado en oro», cuenta.

Nuestro trabajo consiste en el diseño de un manto desde el comienzo, con el proyecto inicial hasta que se entrega. A la hora de montar un bordado, «Isabel es la que va colocando las piezas en su sitio y va hilvanándolas, a continuación ya entramos con la artillería pesada que es el ir colocando, punteando, perfilando y poniendo cordones, este es el remate de la obra, «el hilvanado es importantísimo porque tienen que ir todas las hojas medidas, en su sitio, es un trabajo de precisión». Cada persona tiene una mano tejiendo, «hay quien tira más de la puntada, quien tira menos, una hoja puede salir un poquito más grande, otra un poquito más pequeña, la persona que monta es la que tiene que ir haciendo que sean exactamente iguales». Las técnicas para igualar el tejido y las figuras se realizan a través del relleno, «este proceso es el más complicado ya que después cualquier diferencia se nota una barbaridad».

En este mundo del arte, «todo se mira con lupa, siempre tenemos en mente hacerlo lo mejor posible». Lo fundamental es que cada obra, «cada piececita que se realiza tiene una parte de ti, eso siempre se queda impregnado en la pieza, ver puesta una obra tuya te llena de orgullo además del cariño y el recuerdo cuando la has estado bordando, disfruto cada momento del trabajo que realizo».

José Ramón añade que «lo que más me gusta del proceso de bordado es cuando se está montando, cuando se lo llevan, ríe José Ramón, ya me da igual». Lo más tedioso del trabajo son los inicios, cuando digo, «Isabel falta una pieza, nos echamos las manos a la cabeza, pero por lo general es una profesión que me gusta y me llena». Como en todos los trabajos, hay mucho intrusismo, mucha gente aficionada que dicen «voy a montar un taller, hay tres talleres que tienen calidad, dos de ellos de restauración, la recuperación de obras son de las funciones más importantes que se realizan en esta profesión. Cada hermandad tiene su estilo y el diseño lo tienes que adaptar al estilo que tienen como tradición». El estilo que más admira es el de Juan Manuel, «creó una escuela maravillosa».

Lo fundamental para desarrollar un buen trabajo es el espacio, tiene que ser amplio para ir adelantando trabajo y con una buena luz, además de material que sea de calidad, los mantos de grandes dimensiones se tapan con una sábana para evitar en contacto con el polvo y la oxidación, prefiere el oro a la plata, ya que la plata es muy dañina para la vista. Lo que más me gusta es cuando me encargan el trabajo, «tienes una ilusión nueva por empezar una obra diferente, la carga de trabajo se extiende a lo largo de todo el año, tanto en verano como en invierno, ha habido años en los que incluso hemos tenido que suspender las vacaciones porque hemos tenido demasiado trabajo».

Mantener este oficio supone atender las necesidades básicas de personas que se dedican a esto, «somos más de 200 las familias que vivimos de este mundo de las cofradías, de la talla, el bordado la orfebrería o la cera, no es solo cubrir las necesidades de caridad dando bolsas de comida». José Ramón añade que «comprendo que hay muchas personas que necesitan comer, pero qué mejor acción social que dar trabajo, nos hace falta un trabajo para que en nuestras casas no entren esas bolsas».

Con esta tradición se mantienen a muchas familias que realmente viven de ello, este oficio data de tiempos muy antiguos, cuando vemos que una hermandad estrena un manto o cualquier pieza bordada sabemos que detrás hay muchas personas, lo que hace el taller de bordado es mantener un oficio que estaba perdido y que da de comer directa e indirectamente a muchas personas, no solo se trata de que la hermandad estrene.

Es un trabajo que se desarrolla por vocación, esto es una artesanía que todavía está muy devaluada, la artesanía en Sevilla han sido desarrollada por los orfebres, los bordadores, las personas que se dedicaban a la cera, los ceramistas de los azulejos, «no comprendo como algunas entidades subvencionan otro tipo de arte que viene importado y no es de nuestra tierra».