Los problemas de crecimiento también son considerados como una enfermedad. Así lo defiende la Asociación CRECER, una organización nacional no gubernamental y sin ánimo de lucro que nace en 1985 para atender a las personas que padecen problemas de crecimiento. Una lucha por la igualdad y el respeto con el objetivo de mejorar su calidad de vida.

En el barrio de La Macarena, la delegación está situada en la calle Manuel Villalobos número 41 bajo, y Patricia García-Luna es la psicóloga de la asociación. «Nace porque un grupo de madres que tenían unos hijos con patologías que les limitaba el crecimiento, con enanismo, necesitaban la hormona del crecimiento para tener una altura completamente normal. Demandaban al Ministerio de Sanidad que el medicamento fuese público. Entonces se consideraba la altura no como una enfermedad, sino como algo estético. Hoy día es una enfermedad», explica. Según apunta, la Asociación CRECER «atiende básicamente a niños con Osteocondrodisplasias, patologías que cursan con problemas de crecimiento, la más frecuente es la Acondroplasia. También existen patologías susceptibles de recibir tratamiento para mejorar su crecimiento, la más común el síndrome de Turner, que sólo afecta a mujeres».

Actualmente, un pequeño porcentaje de la población padecen problemas de crecimiento, pero no por ello es algo secundario y el número de afectados es significativo. Y para atender también a la familia, una vez que recibe el diagnóstico, está la Asociación CRECER. «El impacto psicológico sobre los padres es muy grande. Cuando saben que van a tener un hijo con problemas de crecimiento, acuden a nosotros para conocer los tratamientos y qué tiene que hacer a partir de ese momento. Es una enfermedad que no se les ha pasado por la cabeza. Nosotros los derivamos a las unidades médicas y organizamos encuentros con otros padres, jornadas médico-científicas y hemos dado un impulso al contacto a través de las redes sociales entre los padres», sostiene Patricia García-Luna. De esta forma, pueden intercambiar recursos entre sí como ropa, bicicletas, etc.

Las adaptaciones para el día a día son fundamentales. «Nosotros asesoramos en el ámbito escolar. Los profesores normalmente no saben qué hacer, y nosotros nos reunimos con el orientador escolar para las adaptaciones, para que puedan abrir y cerrar las puertas, para las sillas, etc. También damos charlas en los colegios para explicar que esta enfermedad no es motivo de risa», afirma esta psicóloga. Además, «hay que aceptar a las personas de talla baja tal y como son, luchar por eso, porque son autónomos y listos, y nos impacta que provoque gracia o burlas y que para ello los usen, por ejemplo, en televisión», lamenta mientras declara que «hay que tratarlas con el mismo respeto que a cualquier otra persona con discapacidad».

Concienciar a la Administración para que invierta en investigación para estas enfermedades raras y a la sociedad para fomentar el respeto y la igualdad, son objetivos incansables de la Asociación CRECER. «Estas personas están perfectamente capacitadas, pero aún así, la inserción en el mercado laboral es complicada. Un estudio confirma que los empresarios no contratan personas de talla baja para evitar burlas. La imagen es el problema, aunque estén intelectualmente capacitados».