La Unidad de Gestión Clínica de Inmunología y Alergia del Hospital Virgen Macarena ha puesto en marcha el «Test de picadura controlada con veneno de himenópteros (abejas y avispas), con el fin de evaluar la eficacia de la vacunación con veneno de abeja en los pacientes alérgicos a las picaduras de estos insectos. Las picaduras de himenópteros (abejas y avispas) ocasionan en la mayoría de la población reacciones cutáneas consistentes en una pequeña tumefacción con los signos inflamatorios clásicos (calor, dolor, edema), que evolucionan espontáneamente en poco tiempo hacia la desaparición total. Sin embargo, en determinadas personas pueden producir grandes reacciones locales que pueden persistir durante varios días», apuntan fuentes hospitalarias.

Una vez confirmado el diagnóstico, y según explican desde el centro hospitalario, «el tratamiento se basa, en primer lugar y como en cualquier otra enfermedad alérgica, en evitar la exposición al alérgeno de la manera más eficaz posible y, cuando no se puede lograr esto de forma absoluta, en informar sobre los pasos a seguir en caso de reacción, adiestrando al paciente en el empleo de la medicación necesaria, tanto para reacciones locales como para reacciones sistémicas cutáneas o anafilaxia, educando también en la autoadministración de adrenalina. El único tratamiento capaz de modular la respuesta inmunológica eficaz en los pacientes alérgicos a la picadura de abejas y avispas es la Inmunoterapia específica con veneno de himenóptero. El objetivo de esta inmunoterapia es proteger de una nueva reacción sistémica en una futura picadura. El grado de protección que confieren a los pacientes es de más del 90% en el caso de véspidos y del 75-80% en el caso de abeja».

Inmunoterapia específica con veneno de himenóptero

Aunque existen distintas pautas de administración en fase de inicio, en la Unidad de Alergología se siguen pautas agrupadas, administrando dos dosis de vacuna en el mismo día y posteriormente dosis de mantenimiento en una semana, mientras que con pautas convencionales se precisan de 14 a 20 semanas, «con el consiguiente retraso en alcanzar dosis terapéutica para conseguir la protección para futuras picaduras». Una vez alcanzada la dosis de mantenimiento, se mantiene la administración durante  tres o cinco años. «La prueba más fiable para valorar la eficacia de la terapia es la provocación de una picadura controlada con el himenóptero en estudio. Una picadura espontánea puede también informar sobre la eficacia de la inmunoterapia, pero la posibilidad de una falsa identificación del insecto la hace menos fiable. Así pues, la picadura controlada permite valorar la eficacia de la inmunoterapia durante el curso del tratamiento y el grado de protección una vez se haya interrumpido el mismo», declaran.