La veteranía es un rango y María José Dorado Giles, cuenta ya treinta años haciendo lo que mejor sabe, dar un servicio esencial a los ciudadanos, como bien dice, «cuando trabajas en la administración pública priman los derechos de cada una de las personas y entidades». Quién le iba a decir a esta estudiante de historia que con 23 años cuando entró a trabajar en el Ayuntamiento de Sevilla iba a formar parte de la historia del Distrito Macarena. Aquella joven ha crecido y este 28 de febrero de 2014 recoge el testigo a tantos años de ejemplo y dedicación al frente de la administración pública.

Natural de Fuentes de León, en la provincia de Badajoz, cuenta que las expectativas de futuro hicieron que su familia emigrara primero a Barcelona y después a Sevilla. En la ciudad hispalense se abría todo un abanico de posibilidades que vislumbraba un próspero horizonte en la vida de esta inquieta joven. Recuerda sus primeros días, en la portería de un pisito en la Calle Alcázares, fue este lugar situado en el centro de Sevilla desde donde su padre la llevaba para conocer las tradiciones de la ciudad, la Semana Santa, El Corpus…«a pesar de ser un hombre de campo, mi padre siempre nos instruyó en el conocimiento de la cultura de la ciudad», comenta Dorado.

Se para el reloj y volvemos atrás en el tiempo, María José, relata el momento de preparación al examen que le permitió comenzar su trabajo como auxiliar administrativo en el Distrito Macarena, como si fuera ayer recuerda perfectamente el temario, el examen de mecanografía, los 30 temas de régimen local, la redacción de cultura general sobre los gitanos, a lo que ella pregunta: «¿Tenemos que escribir sobre la Hermandad de los Gitanos? No, respondió la examinadora, sobre la raza gitana, todo el mundo escribió el ‘quijote’ sobre el tema».

«Tenía tantas ganas de trabajar y tanta ilusión, que me enganché muy rápido, esto es como una droga». A pesar de su juventud, este nuevo trabajo no era un reto imposible, «tomé las riendas desde el principio, entablar relación con las entidades, tramitar oficios, gestionar subvenciones, organizar talleres y actos, coordinador actos deportivos, fuimos el primer distrito que organizó un maratón», declara. Éstas eran algunas de las tareas que cada día se gestionaban en el distrito.

macareno-companerosAl principio no existía mucha infraestructura, la herramienta de trabajo de la época se reducía a una máquina de escribir, «recuerdo que compartía espacio con una compañera de servicios sociales, estaba sentada frente a mí y era terrible, porque yo escuchaba los problemas de la gente que llegaba, cuando salíamos a desayunar, yo le decía Adri, cómo vas a arreglar esto. Le daba vueltas y hacía mía las situaciones personales de los demás, reparé en que no estaba preparada psicológicamente, ¡yo no era trabajadora social!, al final la cambiaron de sitio con lo que se conseguía preservar la intimidad de los ciudadanos».

Actualmente, como jefa de grupo y encargada de asignar tareas a los auxiliares, explica como la zona geográfica de la Macarena ha cambiado considerablemente, la población ha aumentado, el presupuesto de los distritos se ha incrementado y además de gestionar los servicios de registro general y padrón, asumimos las funciones de estadística y gestión de subvenciones, de este modo, la evolución ha sido considerable, de ser meros tramitadores de demandas vecinales y encargados de trasladar asuntos de conservación o mantenimiento de la vía pública, hasta llegar a asumir el registro y el padrón, incrementado así la atención al público. Describe al buen funcionario como «la persona que mediante normas establecidas puede llegar a resolver peticiones de manera eficaz».

Revela que «en los 30 años que llevo aquí, he vivido muchas situaciones que sin duda son para recordar, como las llamadas reiteradas confundiéndonos con el Distrito Sanitario Macarena, he recibido llamadas pidiendo citas para mamografías, también tenemos el mismo nombre que servicios sociales de nuestra zona, muchas personas llaman contando su historia, te quedas un poco cortado y le digo, señora no me explique, no es que no quiera escucharla, seguramente la entenderán mejor en servicios sociales».

Los problemas con el lenguaje ha sido en más de una ocasión motivo de risas, «me han llegado a pedir, certificados de supervivencia, me ha dejado usted putrefacta en vez de estupefacta, yo pensé mi intención no era pudrirla sino informarla, este caso se dio cuando estadística comenzó a pedir la autorización de todas las personas que estaban empadronados para expedir el padrón colectivo», apunta María José. Cuenta que en otra ocasión fue un señor pidiendo un certificado del cual no tenía autorización y la segunda vez que fue a solicitarlo llegó vestido con el uniforme de la Guardia Civil, mi compañero le dijo «es un uniforme muy bonito, estoy acostumbrado a verlo, mi padre fue Guardia Civil, mi hermano y mi cuñado también lo son, pero una vez que he visto el uniforme, usted no se lleva el padrón de todas maneras porque como sabrá, los funcionarios no podemos hacer lo que queramos».

El significado que tiene el barrio de la Macarena para María José, es para escribir un libro,«tiene el nombre de la Virgen, desde niña tuvo la oportunidad de ver pasar la imagen de la Macarena por la calle Alcázares, donde vivía, para mí que lleve ese nombre me llena de orgullo, por otro lado trabajar con los ciudadanos de Sevilla y de la Macarena me satisface enormemente».

En todo este recorrido, atesora historias y cambios morfológicos que ha sufrido este extenso distrito, a través del testimonio vivo de los vecinos que han servido de ventana para transmitir el origen de las huertas, los primeros negocio. Es conocedora de los entresijos que han llevado al Distrito Macarena a ser lo que es actualmente, en este sentido destaca la fisonomía del barrio con población eminentemente mayor y la diversidad cultural que ha sufrido en los últimos 15 años. «El barrio de la Macarena me ha ayudado a conocer a los vecinos, me he ido desarrollando como persona y como funcionaria a través de mi trabajo» reconoce la premiada.

Este premio lo recibe con mucha alegría, al principio con un poco de susto, precisamente porque siempre le ha gustado el trabajo que desarrolla, «también he vivido momentos muy difíciles aquí», pero la actitud que lleva a gala es hacer todo lo posible para que las cosas funcionen, «nos dedicamos al cien por cien, es un trabajo muy variado, cualquier documento que va al Ayuntamiento pasa por nuestras manos, he sobrevivido a muchos cambios tanto a nivel personal, como profesional, en definitiva, si las cosas funcionan los ciudadanos van a estar contentos».

Sus compañeros destacan de ella la profesionalidad, la cercanía y el entusiasmo para abordar cada día su trabajo. Esta semana recibe el premio Macareno de año, por su meritoria carrera profesional que ha ejercido y sigue ejerciendo con esa vitalidad e ilusión del primer día en el Distrito Macarena.