Dentro de los servicios pastorales que ofrece la archidiócesis de Sevilla, la Pastoral de la Salud, se encarga de atender a personas enfermas que se encuentran solas, al no tener familiares cercanos o que no los pueden atender en su día a día. Con esta acción se desarrolla una labor social y de voluntariado desde las parroquias de diferentes puntos de la ciudad de Sevilla.

Nuestro punto de encuentro es en la parroquia de la Salud, donde Isabel, voluntaria del grupo de la pastoral junto con sus compañeras lleva cinco años visitando a los enfermos, llevando alegría y comprensión a personas que están solas, cada semana suelen ir de dos en dos para hacer la visita que le corresponde.

Algunas de las acciones que desarrolla esta pastoral es la de potenciar las reuniones de formación de los grupos parroquiales y los encuentros de oración así como preparar con antelación la campaña y la Pascua del enfermo con los encuentros de agentes de pastoral de las distintas vicarías, también favorecer la celebración diocesana de la Pascua del Enfermo el sexto domingo de Pascua.

Desde la parroquia de Nuestra Señora de la Salud, las voluntarias se reúnen en el salón de la misma para elaborar y trabajar los temas que van a acontecer, todo relacionado con el cuidado de las personas que van a visitar. Según Isabel «desde la parroquia nos forman, el destino de esta formación es prepararnos para la atención a estas personas, sobre todo en el cariño, llevando la fuerza de la fe y la aceptación de su enfermedad. Nuestro principal cometido es el de escuchar a los enfermos que visitamos, nos cuentan sus vivencias actuales, así como su niñez, juventud y madurez».

«Si tienen algún problema de falta de atención, por no tener familia, se lo comunicamos a Cáritas y a través de la asistencia social se lo solucionan. Las visitas en casa, en la mayoría de los casos, es un gozo y lo mismo les da fuerza y alegría a ellos que a nosotros. En la época de Adviento celebramos la Eucaristía en casa de alguno de los enfermos, es un día muy especial ya que reciben la palabra de Dios rodeados de muchas de las voluntarias que conformamos este grupo», señala. Isabel, además, indica que «también suele ir una persona de la parroquia para darle la comunión una vez a la semana si los enfermos lo solicitan».

«Tenemos una enferma que acaba de cumplir los 103 años, Magdalena, disfruta cada vez que vamos a visitarla y nosotros también, ya que siendo tan mayor tiene una memoria admirable y una capacidad extraordinaria para adaptase a todas las circunstancias que está viviendo», afirma.

Todas tienen un cariño especial sobre las personas que las visitan y Magdalena es una persona «muy entrañable». Isabel destaca que es sorprendente ver cómo recuerda detalles de su vida, y con sus años; después de haber vivido muchos años sola, en la barriada de Doctor Marañón, acaba de entrar en una residencia que había rechazado siempre que se lo proponían pero en la que ahora está muy feliz, vamos a visitarla, me cuenta muchas de sus vivencias, su primer y único novio, el trabajo de su hermano en el boletín oficial como impresor, las visitas de una de sus sobrinas.

También describe las onzas de chocolate que le dan en la residencia, «y que le saben a poco». «Es bonito ver como se aferra a la vida, como agradece una visita o recuerda cuando le hicimos una cortina para su casa o cuando celebramos su cumpleaños con una tarta». Son situaciones en las que se hace felices a personas que lo necesitan y que por un instante dejan de pensar en su enfermedad.

A través de estas visitas y este voluntariado, se desea mantener viva la fe y la esperanza de las personas enfermas. Las experiencias vividas en estos años tan positivas suscitan en nosotros dinamismo y afán por seguir trabajando con estas personas.