«En Sevilla, y en mitad del camino que se dirige al convento de San Jerónimo desde la puerta de la Macarena hay entre otros ventorrillos célebres, uno que por el lugar en que está colocado y las circunstancias especiales que en él concurren, puede decirse que era, si ya no lo es, el más neto y característico de todos los ventorrillos andaluces».

Gustavo Adolfo Bécquer quiso dejar su huella en la historia en un lugar muy particular situado en la Avenida Sánchez Pizjuán, junto a la barriada que actualmente se denomina Las Golondrinas.  En la etapa de 1890 a 1910 se crearon diversas ventas en las cercanías de la ciudad. Fundamentalmente, tenían una clientela dominguera y matinal y, con frecuencia, de carácter familiar; si bien, existían otras con un matiz más propio de adultos de la nocturnidad.

Así comenzaba la historia de la famosa Venta de los Gatos, que hoy se encuentra abandonada a su suerte. Cerrada, el último uso que se le dio fue el de aparcamiento para motos. El dueño colgó el cartel de «Se vende» y, según explican los miembros de la asociación «Con los Bécquer en Sevilla», hay un comprado interesado en adquirir el edificio para dedicarla a almacén de chinos.

Cuentan que la Venta de los Gatos es una de las últimas huellas de Bécquer, y un problema para los vecinos, quienes pidieron al Ayuntamiento que se hiciera con ella para que fuera la sede de su asociación. Al no fructificar, hay quien incluso ha reclamado su derribo al considerarlo un edificio sin valor alguno y que estorba.

Sin embargo, los miembros de «Con los Bécquer en Sevilla» han convocado una concentración reivindicativa el próximo martes 20 de octubre, con el apoyo de otros colectivos como la institución literaria «Noches del Baratillo», la asociación cultural «El Pinsapo», Busilis Escritores, la asociación «Itimad» o ACE.

Un museo para Bécquer

Según la asociación, «nos parece intolerable que esto suceda y queremos impedirlo, queremos que la Venta de los Gatos tenga como destino un Museo Bécquer». En el acto se procederá a la lectura de un manifiesto, tras lo cual se leerán párrafos de la leyenda «La Venta de los Gatos».

La leyenda de la Venta de los Gatos

Cuenta la leyenda que un visitante de Sevilla, paseando por la ciudad, llegó a una venta en el barrio de San Jerónimo llena de alegría, con mucha gente cantando y disfrutando. Entró a tomar algo y, mientras lo hacía, dibujó  a una muchacha, la que estaba al frente del coro femenino. Cuando ya se iba a ir, vino un muchacho que destacaba entre el grupo de hombres y le suplicó que le diera el retrato de su amada. Él lo hizo y el muchacho le acompañó hasta las puertas de la ciudad. Le habló de ella, que se llamaba Amparo y que llevaba viviendo con ellos desde pequeñita y que no sabían quiénes eran sus padres.

El visitante se marchó, volvió a Sevilla diez años después y fue de nuevo a la venta para ver como iban las cosas. Se la encontró vacía, sin nadie, triste. El ventero le contó, que un día vinieron unos hombres preguntando por Amparo, que resultó ser la hija de un rico. Con la justicia de por medio, se la llevaron bajo una dura lucha y desde entonces la desgracia cayó sobre ellos. El hijo del ventero intentó verla, pero le fue imposible.

Le contó que, luego, construyeron el cementerio de Sevilla junto a la venta y la gente dejó de ir a ella. Un día pasó por la puerta de la venta un cortejo funeral, resultando ser el de Amparo. Jamás se acostumbró a vivir así, en la riqueza.

Desde entonces, el hijo del ventero vive en su propia locura soñando a su amada.