Cuando alguien es testigo de un delito, lo normal es comunicarlo a la Policía. Parece algo lógico, pero muchos ciudadanos no se atreven a hacerlo, por miedo o porque creen que su denuncia no tendrá ningún efecto. Anoche, Paula e Isaac, dos jóvenes vecinos de la calle Francisco Moraga, en la barriada del Retiro Obrero, demostraron que una simple llamada al 112 podía servir para atrapar a un grupo de vándalos callejeros.

Sobre la una de la madrugada, la pareja escuchó golpes y risas debajo de su balcón; Isaac se asomó y viendo que dos personas la estaban emprendiendo a patadas con los retrovisores de los coches aparcados a ambos lados de la calle, no dudó en gritarles para disuadirles.

Mientras otros vecinos se limitaron a ver la escena desde sus balcones, Paula no dudó en levantar el teléfono y marcar el número de Emergencias. Aun habiendo dado parte inmediatamente después de lo sucedido, ninguno de los dos esperaba que su llamada resultara tan efectiva. Sin embargo, apenas tres minutos después del aviso, varias patrullas de Policía Local y Nacional se presentaron en la calle -donde Paula estaba haciendo fotos a los vehículos dañados por si servía de ayuda- y comenzaron a buscar a los culpables.

Parecía que todo iba a terminar ahí, sin embargo, el teléfono de su casa comenzó a sonar un rato después; era el mismo agente con el que había hablado un rato antes para comunicarles que gracias a su colaboración habían detenido a tres personas por destrozos en cinco calles del barrio y que durmieran tranquilos porque, como mínimo, iban a pasar la noche en el calabozo.